miércoles, 17 de agosto de 2011

Constant concept

(“En el fondo, siempre fui un freak…”)
Roberto Musso, El Cuarteto de Nos.

No sé si está bien lo que voy a contar. No, al menos, ante los ojos del arte. Comprensible, quizás, ante los ojos del fútbol.

Tuve la suerte de presenciar una performance-intervención, Instantes festivos, a cargo de la dupla de artistas plásticas Paula Pinedo/Gabriela Muollo.

No voy a contar en qué consistía la obra, pero sí que las performers llevaban unas máscaras blancas. Y que de pronto, acaso hechizado por el espíritu hipnótico de la experiencia, casi en la frontera de la vigilia y el sueño (un saludo a los lectores del Álbum Blanco que gusten del surrealismo), empecé a advertir que una de las máscaras me sonaba familiar: un rostro sereno, una frente enorme, una mirada insondable, una mandíbula cuadrangular… ¡Eduardo Domínguez! ¡La máscara de una de las artistas era notablemente parecida al rostro del gran zaguero central de All Boys!

Cualquiera, sí. Pero sospecho que a más de un hincha del Albo le habrá pasado alguna vez algo parecido, como creer ver a Cristian Vella en la multitud de Florida y Corrientes, o a Matías Pérez García como extra en una película de cowboys.

Cualquiera, sí. Así son los espejismos. Así somos los hinchas.

domingo, 31 de julio de 2011

Temporada 2011/2012: antes del diario del lunes

A falta de goles propios que celebrar, en el receso uno celebra las incorporaciones en el plantel; así como, a falta de goles rivales que sufrir, en el receso uno sufre las bajas en el plantel.

Claro; una vez terminada la temporada, es fácil mirar atrás y decir: “Yo sabía que el Burrito Ortega estaba terminado”. O golpearse el pecho: “Yo sabía que Manu Gigliotti, otra vez, la iba a romper con la camiseta de All Boys”.

Por eso, como ya es costumbre, el Álbum Blanco pone la cara y opina ahora, a lo bonzo, sobre la conformación del plantel para la temporada 2011/2012.

Primero, los adioses. El alejamiento del enorme Emmanuel Gigliotti, acaso previsible, va a doler: goles son amores. Y el de Carlos Casteglione, a pesar de sus lesiones, también: con él en cancha, el Albo siempre tuvo solidez. Las demás partidas… bueno, no parecen ser demasiado importantes, acaso con las excepciones de Ariel Zárate, Carlos Madeo, Marcelo Vieytes –en los tres casos, por razones deportivas y afectivas–, y también de Sebastián Grazzini, a quien, si acabamos de decir que goles son amores, hay que reconocerle sus gritos contra Vélez, Tigre y Estudiantes.

Ahora, las bienvenidas. Los regresos de Matías Pérez García y de Darío Stefanatto, evidentemente, nos alegran; aunque el 10 ya probó su valía en Primera y augura más certezas que el 5, quien jugó poco en Estudiantes y genera cierta incógnita sobre si podrá imponerse en la élite.

Las demás incorporaciones parecen ser, apenas, apuestas bienintencionadas. Lo es el retorno del mediapunta Hugo Bargas, saludable por el hecho de reafirmar la política de regresos, pero que no implica jugar a seguro. Parece pillo haber traído al veterano mediocampista Martín Zapata. Da un poquito de miedo el zaguero Facundo Quiroga, que tiene un currículum importante (Selección, Europa), pero con bloopers recientes (River, Huracán). Todo para ganar y nada que perder tienen los delanteros Juan Carlos Ferreyra y Carlos Salom, el defensor Maximiliano Coronel, el arquero Bernardo Leyenda y el enganche Patricio Pérez: nadie espera que sean figuras.

El gran acierto de Roberto Bugallo y la dirigencia es, otra vez, haber mantenido el grueso del plantel que viene de conquista en conquista desde hace cuatro años, así como la conducción, a cargo de Pepe Romero. Y el gran acierto de los hinchas será revalidar el respaldo a cada jugador que lleve la camiseta del club.

sábado, 23 de julio de 2011

Floresta: Barrio Chino (y Siberiano)

En estos tiempos dulces, el receso es doloroso para los hinchas de All Boys. Y mientras esperamos, como ansiosas colegialas frente al teléfono, cada dato sobre los jugadores que renuevan sus contratos o se suman al plantel, no está mal aplaudir un poco.

Primeros aplausos, para los notables comuñes de papel creados por el hábil albo Matías Rodríguez, un homenaje papirofléxico al plantel (con Pepe Romero y Roberto Bugallo incluidos) que nos permitió conservar la categoría en Primera. Para imprimir, recortar y armar. ¡Origami de barrio!

Los aplausos que siguen –nos vamos poniendo serios– son para tres héroes que dejaron el plantel de All Boys después de cuatro temporadas inolvidables.

Uno es el Querido Negro Marcelo Vieytes, cuya cabriola en Arroyito por siempre nos dilatará los poros de los brazos a todos los hinchas del Albo, y que ya protagonizó una página del Álbum Blanco.

El segundo es Ariel Zárate, quien dejó el fútbol y permanece en el club como mánager. Acaso por su veteranía, sus dos temporadas en el Nacional B y su último acto, en Primera, no lograron mostrarlo en el nivel con el que nos compró a todos los hinchas en el título obtenido en la B Metropolitana del 2008. En aquel torneo, no lo dudo, se convirtió en el mejor 10 que vi con la camiseta de All Boys. Armador, goleador, líder y jugador indispensable, Zárate estuvo a la altura de Alberto Pascutti y fue la cara de aquel equipo campeón. Gracias, Chino, por hacernos felices tantas veces.

El aplauso final es para el entrañable Carlos Madeo, acaso uno de los zagueros del Blanco que más me emocionó en la historia. Cuando llegó a Floresta lo creí un avatar de otro grande, Gustavo Minervino, pero finalmente Madeo construyó su propia gloria, a fuerza de jugarse el epitelio craneal en cada pelota.

Como hincha, pocas veces me sentí tan seguro como cuando Carlitos estuvo en cancha. Generoso como un guardavidas, noble como un husky, desinteresado como un escudo humano, temerario como un suicida, Madeo no sólo fue parte de un campeonato, un ascenso y dos permanencias; sino que representó como nadie la idea del marcador central heroico, del defensor romántico, símbolo del rollingstoneano rescate emocional. Gracias, Siberiano, por salvarnos tantas veces.

viernes, 8 de julio de 2011

El hincha reaccionario

¿Traicionarías tus convicciones, en pos de favorecer a tu equipo de fútbol? Esta chicana ético-futbolera, esta –algo gansa– reflexión sobre los límites de la ilimitada pasión que despierta el cuadro del que uno es hincha, alguna vez ha sido olisqueada en el Álbum Blanco.

¿Hasta qué punto puede ser uno imparcial, justo y equilibrado en un ámbito como el deportivo; que pasa, precisamente, por la competencia, por imponerse por sobre el prójimo, por ganarse el rol de ganador o bien comerse doblada la función de perdedor?

El cacareado descenso de River parece haber sacudido algunas estructuras, y haber disparado debates sobre tres supuestos del fútbol argentino que, desde hace rato, sonaban como admitidos, sino como inmutables: Que la Promoción es apasionante. Que los promedios son injustos pero favorecen a los poderosos. Y que Julio Grondona será el presidente de Afa por toda la eternidad.


Ahí está la Promoción, que enfrenta a uno que está arriba, que tiene todo para perder y que goza de ventaja deportiva; con otro que está abajo, que tiene todo para ganar, y que empieza perdiendo 1 a 0. Y que aún así, brinda mayor “movilidad social” entre una división y otra, aún cuando enfrenta a davides y goliates. Nada que discutir.

Ahí están los promedios, que si bien exigen que los clubes recién ascendidos paguen cierto derecho de piso matemático, otorgan cierto blindaje ante circunstanciales malas rachas, y premian y castigan aquello tan pedido como los procesos a largo plazo. Nada que discutir.

Y ahí está Julio Grondona, cuyo mandato en la AFA empezó en 1979 (ha sobrevivido a los de Videla, Viola, Galtieri, Bignone, Alfonsín, Menem, De la Rúa, Puerta, Rodríguez Saá, Caamaño, Duhalde, Kirchner, Fernández de Kirchner… ¿siguen las firmas?), y desde entonces ha cosechado toda clase de denuncias sobre complicidades, sobre manejos poco claros con el sector privado y con el Estado, sobre problemas crónicos de seguridad en las canchas... ¿Nada que discutir?

A todo esto, el Albo vive el momento más feliz de su historia. En términos futbolísticos, en Floresta nunca nos sentimos tan felices como hoy. ¿Y qué debería pensar el hincha de All Boys, entonces, en este contexto de sana euforia particular, y encarnizado debate general?

La buena relación entre Grondona y el presidente del Albo, (¡todos de pie en Floresta!) Roberto Bugallo, es un dato a considerar. Este presente maravilloso del club, es otro dato a considerar.

Si al Álbum Blanco, le dan a elegir entre conservadores y revolucionarios, seguramente elegirá la opción B. Está muy bueno cambiar para bien, crecer, progresar. Aunque esta vez es más difícil: este momento es tan lindo, que mejorarlo todavía más, no debe ser fácil.

No vamos a decir, “aguante Grondona”, claro. ¿Pero será muy mezquino postergar por un tiempito la revolución?

viernes, 24 de junio de 2011

Pepe Romero, DT de alta gama

Desde que José Santos Romero asumió como DT de All Boys, hace cuatro temporadas y pico, el club vivió una curva tan violentamente ascendente que, en términos futbolísticos, cambió todos los paradigmas en Floresta.

Es muy tentador rendirse a todo lo pintoresco que supone Pepe; la velada sorna de llamarlo “el Alex Ferguson de Floresta”, el rubor tierno de verlo tocando el acordeón por TV, la tolerancia forzosa de esperarlo todo el tiempo del mundo para que haga los cambios, la balsámica calma de escucharlo hablar como si nunca hubiera nada de lo que preocuparse.

La tradición nos ha hecho llegar sus glorias (truncas por lesión) como jugador del Albo. Nuestros propios ojos han constatado sus glorias intruncables como DT: conseguir dos ascensos en tres años, mantener la categoría en Primera y con el plus épico de llevarse puestos a grandes (Boca, River, Independiente) y encumbrados (Vélez, Estudiantes).

Valoro también la racional curva estética que los distintos All Boys de José Romero fueron teniendo según los saltos de categoría. En aquel campeonazo de la B Metropolitana 2007/08 gozamos lujos y fútbol delicioso. En las dos temporadas en el Nacional B vimos la sabia elasticidad de ir al frente en Floresta, pero tener cautela en las bocas de lobo del Interior sin televisación. Y en Primera División, adoptamos una bravura ganadora en todas las canchas, sin regalar nada en ninguna cancha.

Aún así, el gran público futbolero, que sólo vio al equipo de Pepe en su modelo de Primera, se ha cansado de decirnos: “Juega bien All Boys, eh”. Y sí, juega bien. Nunca le sobró nada –fue el equipo menos goleador del Clausura 2011, y el que tuvo más expulsiones–, pero su entrenador supo aprovechar los recursos como un administrador notable.

Y ahí está Pepe, con la mano en la pera: es el antónimo de esos entrenadores que se pasan la vida arrancándose el pelo, maldiciendo el universo y entregando sobreactuadas escenas de Oscar cada vez que hay una cámara.

Su continuidad es una gran noticia. Qué pena no usar sombrero: sería un buen momento para sacárselo y rendir pleitesía a Pepe Romero.

lunes, 13 de junio de 2011

Afortunado en el juego… y en el amor

La vida no es sencilla. Cada ítem de la existencia puede deparar obstáculos, problemas, golpes. Pasa con la salud, con el dinero, con el amor. Ahí llegan la injusticia, la inequidad, la falta de oportunidades, el azar. Ahí vienen el catarro, las cenizas volcánicas, el ABL, las peleas de pareja. Ahí están la Policía, la soledad, las políticas de Washington, el colesterol, el hampa, las discusiones familiares. Ahí surgen las corporaciones, los accidentes viales, la pérdida de cabello, la contaminación de las napas, los virus informáticos, los plomeros abusivos, los amigos que se alejan. Ahí aparecen el terrorismo de Estado, la crisis de los hospitales, el analfabetismo, la desocupación, la mortandad infantil, la corrupción sindical.

Sufrimos (y vemos como otros sufren). Aún la persona más optimista y feliz tiene dificultades; la vida tiene carne sabrosa, pero sus huesos son siempre duros de roer… y nuestros dientes no son los de un roedor.

Por todo eso, valorar las alegrías –cuando están– es siempre inteligente. Y con ese criterio, habiéndose concretado la permanencia de All Boys en Primera, es justo agradecerle a un grupo de tipos: Roberto Bugallo, José Santos Romero, Nicolás Cambiasso, Fernando Sánchez, Carlos Madeo, Cristian Vella, Carlos Soto, Armando Panceri, Ariel Zárate, Agustín Torassa, Emmanuel Gigliotti, Mauro Matos, Juan Pablo Rodríguez, Eduardo Domínguez, Hugo Barrientos, Matías Pérez García, Jonathan Ferrari, Carlos Casteglione…

Ellos nos han dado a los hinchas de All Boys una alegría premium. El Álbum Blanco honra a sus héroes.

miércoles, 8 de junio de 2011

Delirios de grandeza

Nunca pensé que me iba a sentir, de pronto, cerca de Callejeros. Pero la versión de su canción "Imposible" se convirtió en la banda de sonido clásica de la hinchada de All Boys en este notable trienio de doble ascenso que hemos vivido desde el 2008 para acá. Y me resulta imposible no asociarla a tantas alegrías -deportivas, barriales, poéticas- recientes.

"...Los pibes todos de la cabeza, en la plaza del barrio,
de gira, preparando el asado para verte a vos..."

Pero, acaso bajo las ínfulas del Día del Periodista, me veo obligado a admitir que siento algo raro, en la tribuna, toda vez que las voces blancas llegan a estos versos:

"...Y al fin va a decir la verdad el que escribe los diarios:
Que la más grande de todas es la banda de All Boys..."


Quizás mis trece años en Página/12 llevan a que, absurdamente, me sienta un poquito interpelado con eso de "el que escribe los diarios". O tal vez tiene que ver con aquello de la bonomía debida del hincha, que alguna vez se ha insinuado en el Álbum Blanco. Lo cierto es que, en honor a la verdad, aunque suene a herejía, y en nombre del rigor periodístico, me permito dudar de que la banda más grande de todas sea la de All Boys.

Ojo, que ningún panda fundamentalista me salte a la yugular: mis dudas surgen de la dificultad real para medir la grandeza de una hinchada de fútbol. ¿Cuál es el instrumento de medición para la grandeza del hincha? ¿Debe mensurársela a través de criterios cualitativos (como la creatividad al alentar, el rechazo a la violencia o la ausencia de amargura) o cuantitativos (como la invulnerabilidad a la disfonía, la cantidad de hinchas, las dimensiones de las banderas)?


No sé, pero con todas las hinchadas que hay en el mundo, me parece sospechoso que justo la más grande de todas sea la de mi equipo. Es estadísticamente improbable. Una mentira piadosa. O en todo caso, mi sensación, mi percepción, mi punto de vista; y no necesito que lo que yo siento sea legitimado por el periodismo.


Por eso, si "el que escribe los diarios" alguna vez sentenciara que la hinchada de All Boys es la más grande de todas, me permitiría dudar. Es una deformación profesional: con el rigor periodístico no se jode.