miércoles 3 de febrero de 2010

Darío, este fan nato

Darío Stefanatto contó montones de veces que es fanático de All Boys. Su familia anduvo y anda siempre por el club. Los hinchas lo adoran y con toda justicia: cada vez que salió a la cancha aportó tanto sangre como juego.

Surgió en las inferiores del Albo, fue el 5 de lujo que tuvo el equipo campeón de hace un año y medio, y en la primera ronda del presente torneo, con su juventud y todo, estuvo en el podio de los mejores jugadores del equipo, junto a dos veteranos como Nicolás Cambiasso y Mariano Campodónico.

Cuando surgió la oferta de Estudiantes de La Plata para llevárselo, varios de los integrantes del plantel albo le sugirieron aceptar la propuesta. También el presidente Roberto Bugallo le sugirió lo mismo. Quizá si conociera personalmente a Darío, yo también habría sugerido que aceptara, aunque hubiera propuesto que se quedara hasta el final del torneo.

El chau a este campeón acaso deje dudas y miserias sobre cotizaciones, porcentajes, futuras ventas, opciones de compra, deudas del club con el presidente, o acerca de si este era nomás el momento apropiado para desprenderse del gran crack joven del equipo (a propósito, más allá de que esta sea la prueba de fuego para Lionel Coudannes, y de que haya posibilidades de que llegue otro 5, ¿todavía sigue en el plantel Emiliano Díaz, el hijo volante central de Ramón?).

Y se fue nomás al club subcampeón del mundo. Ningún hincha de All Boys podría reprocharle nada a Stefanatto. Suerte. Ojalá que volvamos a verlo vestido de blanco antes de que cumpla 35.

miércoles 27 de enero de 2010

Macri pone dinero en All Boys

Conseguir recursos es una de las metas de todos los dirigentes deportivos, y la publicidad en la camiseta del club es uno de los métodos más comunes. Está claro que, para los patrocinadores, poner su logo en la casaca de Boca resulta más atractivo, y mucho más caro, que en la de Riestra. Pero también es verdad que la capacidad de negociación y la riqueza de la agenda de los dirigentes pueden determinar la diferencia entre ser auspiciado por Coca-Cola o por Fiambrería Don Carolo.

Pero no es lo mismo cuando el sponsor es un organismo gubernamental, municipal o provincial: ahí la guita que embolsa el club sponsoreado no viene de un empresario, sino de los contribuyentes, los que pagan impuestos, los que no evaden...

Un repaso por las camisetas del Nacional B de las últimas dos temporadas revela que varios clubes del Interior han contado con el aporte económico de diversas entidades más o menos vinculadas al Estado.

“¡Viva Jujuy!”, invitó la de Gimnasia y Esgrima de Jujuy, promocionando el turismo en la nórdica provincia. “Banco de Córdoba”, sugerían las de Talleres e Instituto, promocionando la bancarización de hinchas en el organismo provincial oficial.

“Caja Popular Tucumán”, señaló la del San Martín tucumano; mientras que la del San Martín sanjuanino pregonó “San Juan Minero”, campaña para la polemiquísima explotación minera en la provincia, cuyas raíces parten tanto de la Barrick Gold como del gobernador José Luis Gioja.

Es evidente el argumento de que, para los Estados provinciales, tener un equipo de fútbol en las grandes ligas (Primera División, Nacional B), de un modo u otro rinde a nivel político. Pero también es claro que los equipos porteños corren en desventaja: ni siquiera River o Boca tienen en la camiseta un eslogan de la administración Mauricio Macri.

Pregunto si sería lindo que el Gobierno de la Ciudad patrocinara las camisetas, por caso, de Ferro y All Boys. “Haciendo Buenos Aires”, leeríamos en el pecho de Darío Stefanatto. Auch…

¿O será que Dios atiende en Capital pero la pauta publicitaria para los clubes sólo se reparte en provincia?

miércoles 13 de enero de 2010

De Adorno en Floresta

All Boys tiene el don de aparecer en todos lados. A fines de los ’90, durante mi deslucido paso por las aulas de la Universidad de Buenos Aires, los esfuerzos (dignos de un equipo de Bielsa) de profesores como Nicolás Casullo, Ricardo Forster y Esteban Ierardo me permitieron acceder a la dura lectura de un pensador alemán que se llamaba... Theodore Adorno. Por esos tiempos, yo sólo había conocido a otra persona apellidada Adorno, y esa persona ocupaba justamente el banco de suplentes del Albo: Ramón Toribio Adorno.

El equipo de Ramón, en términos estéticos, fue el mejor que vi en Floresta en todos los tiempos, y amerita una futura mirada exclusiva en el Álbum Blanco. Bailó a medio Nacional B y quedó cerca del ascenso a Primera. Aplausos.

Alguna vez, alguno de los tantos amigos futboleros (acaso el racinguista César Marchetti) me dijo que “cultura general es todo aquello que está entre Theodore Adorno y Ramón Adorno”.

Ignoro si Ramón Adorno leyó a Theodore Adorno: no tenía mucha pinta de degustar el marxismo crítico, y ni siquiera tenía pinta de alfabetizado, dicho esto con onda.

Lo que sí puedo aseverar es que Theodore Adorno nunca vio al maravilloso equipo de All Boys de Ramón Adorno: más allá de que le gustara o no el fútbol, lo cierto es que murió en 1969, cuando Ramón Adorno todavía era jugador y ni soñaba con el buzo de DT. A lo sumo Theodore Adorno habrá visto al Hertha Berlin o al Schalke 04, pero ni en pedo a las deliciosas triangulaciones entre Gastón Barroso, Hernán Oreiro, Hernán Manrique, Damián Yáñez y Adrián el Pirata Czornomasz.

Te la perdiste, Theodore.

miércoles 30 de diciembre de 2009

Otros resultados

Son tiempos de bonanza informativa para el hincha de All Boys. Más allá de las escasas líneas que cada cinco días Olé suele dedicarle al Albo, hoy cualquier hincha intrépido y con cierta avidez por acceder a noticias del club tiene relativamente a mano una apreciable abundancia de oferta periodística… O, bueno, de algo parecido al periodismo.

Entre los programas de radio partidarios que hay por aquí y por allá (un saludo a Juan Carlos Pellegrini, a Pablo Ladaga, a Pedro Da Luz, hasta a Claudio Sintes), los sitios dedicados -bien o mal- únicamente al Ascenso, los más entusiastas blogs y hasta este casi lujo que es ABD1, el hincha puede obtener datos sobre All Boys prácticamente a diario. Datos mínimos, sí, pero datos al fin.

Hace apenas unos años, cuando el Albo estaba en la B Metro y el siglo todavía era el XX, hasta resultaba difícil enterarse del resultado del partido. Por suerte, como siempre, estaba el gran diario argentino.

Clarín solía dedicar el último párrafo de la última columna de la última página de la sección Deportes (que casi era la última sección del diario, justo antes de las necrológicas) a un apartado lacónico e indispensable que se llamaba “Otros resultados”.

“Otros resultados” era un canto a la austeridad: apenas enumeraba los resultados amontonados de todos los partidos de la B. Alguna vez, de milagro, incluía a los autores de los goles.

“Otros resultados” estaba precedida por un rombito, rústico ícono que para el hincha del Albo y del Ascenso todo resultaba tan revelador como la piedra de Rosetta.

Ese renaultiano símbolo en negrita, que Clarín brindaba con toda parquedad y casi a desgano, era en los ochenta prácticamente la única señal de que el mainstream periodístico iba a otorgar unos milímetros a reportar los vaivenes de All Boys.

Va para los imbéciles que dicen que todo tiempo pasado fue mejor.

martes 22 de diciembre de 2009

Linda noche para un Scamporrino

Es una debilidad de los hinchas de All Boys. Por su juego, por su tranco largo, por sus golazos desde afuera del área y, por ese plus -casi genético, casi nazi- que los ojos del simpatizante ven en todo jugador salido de las inferiores del club.

El Chino Germán Scamporrino acordó irse por seis meses a recuperar ritmo en Colegiales, en Primera B, y no parece mala idea. Que vaya, que vuelva.

No vi el contrato, pero parece que se trata de un préstamo sin opción. OK. El Chino es una joya patrimonial que el Albo no debe perder. Lamento, claro, que no se quede en el equipo actual de All Boys, pero lo cierto es que desde el ascenso al Nacional B, hace un año y medio, prácticamente no pudo jugar.

Entre lesiones musculares y azarosos problemas físicos de esos que aquejan a sólo uno de cada 538.000 futbolistas, Scamporrino apenas participó en un par de partidos de la última temporada y media, después de tener un nivel consagratorio en el plantel campeón de la B Metro ‘07/‘08. Ese año la rompió como delantero, en dupla con el Pato Solchaga y con el Grandote Martínez, aunque también supo rendir bien como volante por izquierda y como enganche.

Esperemos que Ariel Zárate, Matías Pérez García y Agustín Torassa estén bien durante la última mitad de la temporada y que en Floresta no terminemos extrañando al Chino Scamporrino más de lo que ya sabemos que lo vamos a extrañar.

Y una fija: en seis meses, cuando el Albo empiece a armar el plantel para la próxima temporada, el retorno del Chino va a ser una hermosa noticia.

martes 1 de diciembre de 2009

Defensa del localista

Voy a salir del clóset: confieso que soy localista. Lo dije. Estoy perfectamente al tanto de que ser tildado de “localista” resulta una de las peores afrentas que pueden intercambiar dos seguidores del mismo equipo.

Admito que el 90 por ciento de las veces que vi a All Boys fue en Floresta. No significa eso que no haya ido nunca de visitante, por supuesto. Un rápido safari de recuerdos me advierte que he seguido al Albo por canchas como las de Racing, Vélez, Ferro, Atlanta, Chicago, Chacarita, Quilmes, Huracán, Español, Almagro, Estudiantes de La Plata, Estudiantes de Caseros, Talleres de Escalada, Tigre, Los Andes, Excursionistas, Arsenal, San Martín de San Juan, San Martín de Tucumán, Instituto, El Porvenir, San Miguel, Temperley, Platense, Morón, Douglas Haig, Colón, Laferrere, Almirante Brown y quizás otras que –a Dios gracias– seguramente no vienen a mi memoria. Pero por cada partido que fui de visitante, tal vez debo haber asistido a diez de local. O sea que este listado no lava culpas ni anula mi indisimulable condición de localista.

Juguemos al diccionario:
Localista. Adj. Hincha de fútbol que sólo va a ver a su equipo cuando juega de local, en su estadio.

Ir a la cancha muy seguido de local y rara vez de visitante implica un voto por el confort que poco tiene que ver con la pasión irrefrenable que se le atribuye al hincha de ley. El localista se evita una serie de adversidades evidentes: historiales hostiles, fuerzas policiales hostiles, hinchas rivales hostiles, empleados de boletería hostiles y medios de transporte hostiles (por no hablar de los también hostiles arbitrajes, a los que en estos casos también se los llama “localistas”, que en la acepción que atañe al referato significaría “jueces ávidos por favorecer al rival de nuestro equipo, que nos recibe en su estadio”).

Pero los tiempos cambian. La prohibición al ingreso de hinchas visitantes que rige –en forma discriminatoria– desde hace dos años en los torneos del Ascenso parece haber anestesiado el carácter insultante de la palabra “localista”.

Es cierto que la trampa siempre atrae. Muchos hinchas de All Boys (y de otros clubes del Ascenso, hay que decirlo, aunque aquí no nos importe) siguen yendo a la cancha de visitante, acaso reprimiendo gritos, disimulando insignias, colándose entre simpatizantes rivales.

Sin embargo, la diferencia es grande. Antes se era localista por opción; ahora, por obligación.

¿Es muy malo ser localista? ¿Es muy malo que la escenografía del 90 por ciento de mis recuerdos sobre el Albo se ubique en Jonte y Mercedes? Están muy bien las glorias en escenarios hostiles. Pero no hay nada como celebrar en casa.

domingo 1 de noviembre de 2009

Nico único

Lejos de la sorna maradoniana de preguntar “¿cómo puede hablar de fútbol un arquero?”, sospecho que la psique de quien va al arco debe ser bastante especial: se viste con un buzo único en el equipo, es el único que tiene un campo de acción limitado, tiene un derecho único –tocar la pelota con la mano– y es el abonado a los bloopers por la sencilla razón que es el único que está siempre ahí en el momento en que los rivales festejan.

Su heroísmo rara vez suma goles, sólo impide que el oponente los sume, y por eso el rol del arquero es, en un 99 por ciento (un saludo para los arqueros goleadores), de naturaleza destructiva. No te hace ganar, te hace no perder. El guardameta es un guardavidas.

Y ahí llego a Nicolás Cambiasso, a quien nadie discute en Floresta, no sólo por haber sido el arquero del equipo campeón de hace dos temporadas en la B Metropolitana, sino también por su nivel constante. Mi hipótesis es que Cambiasso es el mejor arquero de la historia de All Boys, o al menos, de los últimos 30 años, de los que he visto.

Quizás en los primeros ’70, en los ’60, en los ’50, en los ’40, en los ’30, en los ’20 o antes aún haya habido en Floresta un arquero mejor que Nico. No me consta, no lo vi, no está en Youtube, no quiero comprar una tradición oral que no se base en mi experiencia.

Tengo buenos recuerdos de Alejandro Molina, aunque no lo creo superior a Nico. Tampoco el arquero campeón del ‘92/’93, Rubén Pucho Urquiza, era más que Cambiasso; recuerdo dudas voltaireanas en las pelotas aéreas. En años más recientes, ya ni hay discusión. Maximiliano Kadijevic anduvo bien, pero apenas unos meses. Y guardo cariño hacia Pablo De Nicola, no sólo porque salió de las inferiores del club, sino porque defendió en mil batallas el arco del Blanco y hasta marcó goles. Pero ninguno de ellos me genera la seguridad de Nico.

Ex jugador del Real Madrid B –cuando su incipiente carrera parecía ir de la mano de la de su hermano famoso, Esteban, el Cuchu–, tuvo su momento más importante en Olimpo, donde jugó en Primera. También atajó en El Porvenir y en Defensores de Belgrano, hasta que arribó a Floresta en 2007, asegurando ser hincha del Albo y tirando recuerdos de tribuna, en particular, de aquel partido en que el equipo de Mario Rizzi se consagraba campeón de la B Metro en 1993. Tribunero o no, me cayó simpático. Pero lo importante vino después.

Cambiasso ha salvado partidos y partidos. Sigue salvándolos. Parece agrandarse en el Interior, y ensanchar ese torso –ya ancho– en los arcos más federales. Ese buzo amarillo ya es marca registrada. Si All Boys llegara en los próximos años a Primera, sería mi primera opción para ocupar el arco del Albo.

Es cierto, Nico ha cometido algunos errores costosos también –sin ir más lejos, contra Quilmes y Chacarita, el año pasado–, pero el riesgo de idolatrar a figuras del presente es que su margen de error es grande. Porque todavía tienen la posibilidad de meter la gamba, a diferencia de que quienes pertenecen al pasado y ya tienen fosilizada su historia: para bien o para mal, lo hecho, hecho está.

Lo hecho en All Boys, para Cambiasso, es un título y mil salvadas. Hasta ahora.