viernes, 18 de marzo de 2011

Fayart, el insoportable

Jugar de marcador central en el fútbol profesional es uno de los trabajos en los que cierto tipo de crueldad –caballerosa, oportuna, medida– puede ser una virtud, como alguna vez ya se ha insinuado en el Álbum Blanco

Durante las tres temporadas y media en las que vistió la camiseta de All Boys, a Fernando Fayart nunca lo vi mezquinar a la hora de poner la pierna, a la hora de llevarse al mundo por delante, a la hora de demostrar que el amor propio termina siendo amor para el equipo.

Grandote, jetón, fuerte, difícil, feroz, el Turco Fayart ya estaba en el club desde antes del fabuloso sprint que comenzó en la temporada 2007/2008, que incluyó un campeonato y el ascenso que hoy tiene al Albo en Primera.

A pesar de que su apellido parecía una apelación al yerro poco auspiciosa para un zaguero –¡¿cuántas fallas y vacilaciones generaría una dupla entre Fayart y Emiliano Dudar?!–, y no obstante las dudas sobre su velocidad, Fernando de los Milagros fue un jugador clave en los logros del Blanco en el Ascenso.

Enorme en los partidos difíciles –como en la Promoción contra Rosario Central– y gigante en las dos áreas, Fayart integró junto a Carlos Madeo una de mis duplas favoritas de defensores centrales de All Boys de todos los tiempos.

Terminó de hechizarme de modo casual: hace un par de años, escuché en “La Gigante de All Boys” una entrevista veraniega a Darío Stefanatto, en la que el ex volante del Albo, en tono risueño, contaba anécdotas de los entrenamientos del equipo y no dudaba en definir a Fayart como “insoportable”.

In-so-por-ta-ble.

Nunca hablé personalmente con Fayart, pero la definición me pareció reveladora, y traté de intuir qué podía significar el adjetivo “insoportable” en este contexto: lo supuse hablador, fastidioso, arisco, bromista, agresivo, insistente, toqueteador, incansable, incapaz de dar por terminada una conversación… o una jugada.

Como esa crueldad selectiva, la insoportabilidad también suena a virtud en el caso de un zaguero central del Ascenso.

Hoy juega en Patronato, en el Nacional B, donde sigue siendo símbolo de guapeza y –probablemente– de insoportabilidad para compañeros y rivales. Ningún hincha de All Boys podrá decir que no lo extraña.

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