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domingo, 6 de junio de 2010

No se vayan, campeones

Debe ser difícil gobernar un país. Hagan el ejercicio por cinco minutos. ¿Qué hacemos? ¿A qué dedicamos el presupuesto que tenemos? ¡Escuelas! ¡Hospitales! ¡Transporte! ¡Cultura! ¡Investigación! ¡Seguridad social! “Pará de contar”, me interrumpen, “ya te excediste, tenés que bajar los gastos a la mitad…” Siempre que fantaseo con el poder llego a este callejón.

Traslado este ejercicio a la presidencia de un club –pongamos, sorpresa, All Boys– y a cómo administrar el presupuesto de un plantel durante cierto período –pongamos, sorpresa, este primer año en Primera–.

No hay manera de criticar las decisiones de Pepe Romero a la hora de armar planteles: desde su llegada a la dirección técnica del Albo parece tener una especie de Matrix o Zeitgeist en la que el ganador siempre es el club.

Se le podrá achacar a Mariano Pavone, o a José Luis Pitu Gómez, pero si recordamos cómo estábamos en la era pre-Pepe y cómo estamos ahora, diría Calamaro, basta de debate.

Eso no quita que vaya a doler si, nomás, se confirma que se quedan afuera del plantel de Primera tres bicampeones (consideramos la Promo ganada ante Central como un título, ¿no?) de alta gama como Fernando Fayart, Carlos Madeo y Pablo Solchaga.

Creo intuir los porqués de todas las decisiones. Yo mismo los he notado lentos a lo largo del torneo, especialmente al Turco Fayart, quien es el que más jugó de los tres, y a quien no podríase acusar de nada más: la garra con la que jugó todo el torneo, todos los torneos anteriores, y en especial la serie ante Central son concluyentes. Y el peor momento del Albo en los dos torneos Nacional B que acaban de pasar fue, justamente, el semestre en el que Fayart se fue a probar suerte a México. ¿No está ni para suplente en Primera? Uf…

Esa misma pregunta cabe para el conmovedor Siberiano Madeo: en el Nacional B jugó unos meses sí, unos meses no; se equivocó a veces, y otras tantas hizo goles decisivos, además de romperla en Arroyito. ¿También se queda afuera?

Entiendo todo: Las ideas más futboleras, como la de no tapar al joven Jonathan Ferrari, de partido consagratorio en Floresta en la Promo y ya con experiencia acumulada en buenas y malas. Y las más “administrativas”, para lo que vuelvo a la metáfora del estadista: si organizás un festival de cine, te quedás sin plata para organizar un plan de vacunación. O, en otras palabras, si tengo en el plantel cinco zagueros suplentes, me quedo sin plata para zagueros titulares.

El otro caso jodido es el del enorme Pato Solchaga. Para nuestro prócer de la B Metro (lo fue en “la” buena, en las varias malas y en las numerosas malísimas), las dos temporadas en el Nacional B fueron un fade out: primero por la lesión, y después por los goles postergadores de Emanuel Gigliotti, Mariano Campodónico o Mauro Matos, nunca volvió a ser lo que era para el Albo. Para sorpresa de muchos, Pepe lo incluyó unos minutos en cada partido ante Central, como si fueran los boletos del último tren.

El interés principal es All Boys, y no dudo de que Romero (y Bugallo) nunca perdieron eso de vista; y mucho menos, ahora.

Pero el único “pero” que me queda es esa sensación de tener 11 entradas para la mejor fiesta del mundo, y dejar afuera a los nobles compañeros de toda la vida.