miércoles, 24 de octubre de 2012

Presentación de "Inspector Diamond Gerace y el Edificio del Sol"

Compañeros de tribuna, el miércoles 7 de noviembre presentaré mi primera novela, el policial gástrico de fuerte contenido albo "Inspector Diamond Gerace y el Edificio del Sol".

La presentación será en Galerna San Telmo, Perú 1064, CABA, desde las 19.30. Entre quienes asistan se sorteará un kit de detective, indispensable para el detective actual,  con todo lo que el detective ágil, moderno, de hoy necesita. Están todos invitados.

martes, 9 de octubre de 2012

Inspector Diamond Gerace y el Edificio del Sol: te espero en el Vamos Floresta


Matos, Sánchez, Madeo, Vieytes, Fayart, Campodónico, Barrientos, Yannino, Novarese son algunos de los personajes de mi primera novela, el policial gástrico “Inspector Diamond Gerace y el Edificio del Sol”.

Los hinchas del Albo sabrán leer entre líneas. En lugar de elegir cualquier apellido para los personajes, por qué no homenajear a nuestros héroes.

El bar “Vamos Floresta” es uno de los escenarios en los que transcurre la acción.

“Inspector Diamond Gerace y el Edificio del Sol” es un policial protagonizado por un detective que nació en la Revista Barcelona. Fue editado por Galerna Libros, ya está en librerías y cuenta con ilustraciones de Daniela Acerbi y prólogo de Juan Sasturain.

Compañeros de tribuna, están invitados a leerla.

lunes, 20 de agosto de 2012

Los choreos circulares

Eso que pasa en las visitas de All Boys a la Bombonera es vislumbrado por Jorge Luis Borges en “La trama”, incluida en El Hacedor: “…Al destino le gustan las repeticiones, las variantes, las simetrías…” Y, para ilustrar, equipara el asesinato de Julio César al de un gaucho desconocido: “Lo matan y no sabe que muere para que se repita una escena.”

Tiene razón, otra vez, el gran chicato argentino. Los resultados esperables, los arbitrajes predecibles, son más frecuentes, mucho más frecuentes, que los resultados sorprendentes, los arbitrajes impensados. Todos en Floresta sabemos que nos van a cagar cuando el Albo visite a Boca, y precisamente, es lo que pasa.


Y volvió a ocurrir, así de obstinado es el destino con sus rutinas. Gol de Boca con offside y foul a nuestro arquero, gol mal anulado al albo, permisividad violenta con los violentos zagueros xeneizes (Rolando Schiavi, oh Jorge Luis, debería al menos caer como Al Capone; viendo tarjeta roja sino por sus crímenes deportivos, aunque sea, por un temita fiscal).


Choreo, y a llorar a Paso a Paso.


Esta vez, el esclavo del destino, el peón de esa reiterativa confabulación astral que supone que a los débiles no sólo hay que vencerlos, sino también estafarlos, fue el juez Mauro Vigliano. Un apellido, otra vez, circular: la próxima, el villano de turno se llamará Mauro Maléfico, Mauro Criminale o Mauro Iccodeputta.

martes, 24 de julio de 2012

Genes, memes, futbolemes


Alguna vez, acaso después de una final perdida, o de una de aquellas frecuentes frustraciones de antaño; mi viejo, viéndonos a mis hermanos y a mí, niños entonces, amargados por la ocasional derrota del Albo; admitió algo parecido a la culpa por habernos trasladado el sentimiento de amor por una camiseta sufrida.


Pasa que esto no es un tema de conveniencia. Así como la información biológica se traslada de generación en generación (dicen) vía genes, y así como la información cultural se traslada (dicen) vía memes, el Álbum Blanco postula que la información futbolística se traslada (decimos) vía futbolemes.


Aquí no se puede trampear. Los futbolemes viajan a través de los ovarios o –fundamentalmente– de los espermatozoides. Y constituyen una herencia familiar, única, inmodificable.


Me toca estar del otro lado del mostrador ahora. Y son tiempos más gratos, estos, para ser hincha de All Boys, para nacer hincha de All Boys. Festejamos el centenario en Primera, vacunando grandes, soñando en grande, viendo la Historia grande del club desde la tribuna.


Me toca extender con amor esta identidad, legar con amor esta pertenencia, enseñar con amor este amor. Me toca agrandar la familia blanquinegra, la estirpe, la especie. Me toca pasar los futbolemes: acaso, mis genes más extraños.

jueves, 21 de junio de 2012

El gran fisonomista

El 100 por ciento de las personas más o menos futboleras conoce la cara de Diego Maradona. No son datos chequeados, pero podemos estimar que el 95 por ciento de los futboleros reconocería sin problemas a Lionel Messi. El 80 por ciento, probablemente, conoce los rostros de Martín Palermo y el Burrito Ortega. El 55 por ciento identifica a la Brujita Verón. Sólo el 20 por ciento ubica al Bichi Fuertes.

Pero… ¿cuántos seguidores del fútbol reconocen la cara de los defensores de All Boys Maximiliano Coronel o Jonathan Ferrari?

En ese sentido, no hay que pedirle milagros al árbitro Saúl Laverni. El tipo se confundió a Ferrari con Coronel, amonestó al primero creyendo que era el segundo, y esa equivocación inocente terminó en tarjeta roja en el partido ante Argentinos Juniors. Fue el primero de los cinco jugadores de All Boys que terminaron suspendidos, Laverni mediante, el domingo pasado.

Es cierto que los futbolistas tienen un número en la camiseta, que podría ahorrarles errores a los árbitros que, como Laverni, no son buenos fisonomistas. Pero tampoco se le puede exigir a un pobre referí que, en una fracción de segundo, distinga a Ferrari de Coronel, o diferencie un número de otro, o sepa a quién pertenece determinada pierna. Bastante le debe costar recordar al pequeño, falible, humano Laverni otros datos más importantes, como la fecha de cobro de sus haberes.

Son cosas que pasan. No hay que desconfiar, ni ser mal pensados: una cosa es ser ciego, o mal fisonomista, y otra muy distinta es ser deshonesto. Seguramente cuando Rolando Schiavi comete una infracción, Laverni jamás lo confunde con Román Riquelme. Son cosas que pasan cuando estás en Primera.

viernes, 1 de junio de 2012

El Hugo de la Gente y la mística química

(“Microscopios que amplifican las lágrimas…”)  
George Harrison, “When we was fab”.

Si no hubo nada raro, y si no hay razones para creer en complots antibarrientistas en el seno de la siempre indiscutida AFA, lo más saliente del doping positivo del querido y feroz Hugo Barrientos es el debate sobre “drogas sociales” y “drogas para potenciar el rendimiento deportivo”.

Pareciera haber consenso en cuanto a que toda sustancia que engorde músculos, disimule fatigas o favorezca respiraciones debe estar penada en pos de una competencia justa. En cambio, se supone, las “drogas sociales” sólo perjudican el rendimiento deportivo de quien las toma. No estoy tan seguro.

Jugar al fútbol borracho, por ejemplo, ¿sólo te quita posibilidades, o también algo te da? ¿Así como algo se pierde en términos de reflejos, potencia o resistencia, no puede también algo ganarse en cuanto a desinhibición, atrevimiento lúdico o arrojo?

Las llamadas “drogas sociales” vulneran el espíritu de competir en igualdad de condiciones. Si hablamos de juego limpio, tanto alterar los músculos, como alterar la cabeza, puede entenderse como meter mula. No es de careta, sino de atleta: abrir las puertas de la percepción también puede ser un jugador número 12.

Con la probable suspensión, All Boys va a extrañarlo, tanto hinchas como mediocampistas: siempre que el Hugo de la Gente faltó, la línea central del equipo lo añoró. Barrientos se hizo querer en Floresta por su garra suicida y hasta por su voluntad organizadora, a veces porfiada y temeraria, como cuando intenta cambios de frente tan ambiciosos que llevan a inferir que tiene “la autoestima de Johan Cruyff”, como bien ha marcado mi viejo en la tribuna. También el Álbum Blanco supo mostrar los dientes por Hugo cuando hizo falta.

Si esta generación de jugadores albos (Cambiasso, Sánchez, Matos, Barrientos) son como los Beatles de Floresta, el Incidente Hugo puede asociarse con el día en que Paul cayó en Japón.

Algo más, sobre el diario deportivo cuyo nombre nunca diremos, que le dio la tapa a Barrientos y con letras catástrofe tituló “Golpe duro”, sobre la cara del Hugo de la Gente. ¿Qué jugador de Banfield habría sido tapa de diarios por un dóping positivo? ¿Qué jugador de Argentinos, de Unión, de Arsenal, de Tigre, de Lanús, de San Martín de San Juan, de Belgrano, de Rafaela, de Olimpo, de Newell’s, de Colón, del actual Independiente o del actual Racing pudo haber recibido el mismo trato “periodístico”? Hoy, quizá, únicamente alguno de Boca, River, San Lorenzo, o alguna celebridad puntual de Estudiantes o Vélez podrían haber gozado del mismo privilegio. ¿Le dieron la tapa a All Boys, a Barrientos, por un dóping?

Tienen razón los jugadores de Boca o River, que toda vez que hay un escándalo sostienen: “En los clubes grandes, todo se magnifica”.

jueves, 26 de abril de 2012

Un millón de dólares por Lovera

Primer recuerdo caprichoso: mediodía, en AM Libertad, hacia 1995, y Fernando Niembro le pregunta al entonces presidente de All Boys, Pablo Brey: “¿Carlos Lovera vale un millón de dólares?”

La aparición de Carlitos el Lobo Lovera en la primera del Albo, por entonces en el Nacional B, generó grandes expectativas; evidentemente, desmedidas.

Proveniente de divisiones inferiores, era un delantero rápido, hábil, que hacía goles, y al que hoy se definiría como “vertical”, a pesar de que demasiado a menudo andaba por el piso. Acaso, para los lectores sub-20, su juego ameritaría alguna comparación con Agustín Torassa, aunque Lovera tenía más gol, menos gambeta, menos lucha.

No puede decirse que las inferiores del Albo, en los últimos 30 años, hayan sido un semillero para la elite mundial. Con las excepciones de Néstor Fabbri y del extirpado Carlos Tévez, no han surgido en el club jugadores mundialistas. Sí han salido, claro buenos jugadores; pero evidentemente, no estrellas mundiales.

Y Lovera ilusionaba. El Blanco venía de lograr el enorme campeonato de la B Metropolitana ‘92/’93, y mientras buscaba afirmarse en el Nacional B, resultaba sana y promisoria la aparición, por fin, de un juvenil sin techo.

Pero el techo apareció. Jugó cinco o seis temporadas en All Boys, cada vez con menos fortuna, y después llegó un derrotero larguísimo, de laburante del gol, por distintos estratos del Ascenso, en Tigre, Platense, Almirante Brown, Morón, Brown de Arrecifes y Juventud Antoniana.

Segundo recuerdo caprichoso: All Boys concentraba en un hotel en Ayacucho y Santa Fe, y un viernes, a eso de las siete de la tarde, víspera de vaya a saber qué partido por el Nacional, encuentro a Carlitos Lovera, de notable buen ánimo, cantando el tango “Volver” en la entrada del hotel. “Las nieves del tiempo platearon mi sien”, entonaba.

Lovera sigue jugando todavía hoy: a los 39 años, le pone el pecho profesionalmente a la competencia federal en Gimnasia de Concepción del Uruguay. Infiero que el fútbol entrerriano no pagó, por Carlitos, ningún millón de retratos verdes de Washington.