Los chicos –bueno, no todos; pero sí muchos– hacen algo de lo que no son capaces ni Lionel Messi ni Víctor Hugo Morales: jugar y relatar fútbol al mismo tiempo. Llevan la pelota en la plaza y al mismo tiempo van relatando: “Pelota para Maradona, arranca el genio del fútbol mundial…” Y cada niño elige qué jugador “ser”, en esa ficción de fútbol relatado. El niño hincha de River dirá “la lleva Ortega”, el niño hincha del Chelsea dirá (en inglés) “la lleva Drogba”, el niño hincha del Al Ain de Emiratos Árabes dirá (en árabe) “la lleva Sand” y el niño hincha de All Boys dice “la lleva el Chino Zárate”.
Jugando a ese mismo juego, seguramente yo, o alguno de mis hermanos menores Fernando o Juan Manuel, o acaso mi amigo y ¿ex? simpatizante albo Adrián Felcman habremos dicho alguna vez “la lleva Süller” en algún patio de Floresta.
Claro, cualquier hincha de All Boys sabe que me refiero a Marcelo Süller; hermano de los astros televisivos Silvia Süller y Guido Süller.
Marcelo Hugo (¡como Tinelli!) Süller fue un producto genuino de las inferiores de All Boys en la época de Alfonsín. Defendió la camiseta del Blanco, digamos, entre 1989 y 1993. Era un volante ofensivo encarador, diría un nueve-diez. Y, atención, jugaba bien. Hacía goles. Era de mis jugadores favoritos del Albo en aquel momento, y hasta integró mis equipos de ficción, en tiempos en que no existía la PlayStation pero sí otras analogías inalámbricas.
Probablemente hasta fue la figura del equipo y llevó la camiseta 10 en alguno de los torneos previos al ascenso al Nacional B del ‘92/’93. De hecho integró aquel equipo campeón, aunque sospecho que ni jugó, o jugó algún minuto.
Süller tuvo problemas aún antes que Jorge Rial, Lucho Avilés o Luis Ventura conocieran su apellido. La leyenda dice que cuando estaba pasando su mejor momento en All Boys, le tocó sumarse al servicio militar, entonces obligatorio. Hubo intentos de prórroga, y creo que hasta jugó algún partido con un rapado-colimba.
Con o sin culpa de las Fuerzas Armadas, la joven figura del Albo se deshilachó. Parece que anduvo años después en Almagro, en Comunicaciones, en Armenio, vaya a saber: ya no era joven promesa, ya no era promesa, ya no era joven.
Para ese entonces, su hermana Silvia se hacía conocida en la TV por ser secretaria y novia del veterano animador Silvio Soldán. Una noche –lo recuerdo– la pareja Soldán-Süller estaba de invitada en el sketch televisivo “El Contra”, del comediante Juan Carlos Calabró, quien presumía de ser hincha de Villa Dálmine y de conocer algo del Ascenso. Calabró le preguntó a Silvia: “¿Y tu hermanito, sigue jugando en All Boys?” Escuché ese diálogo y crucé miradas (de hinchas del Blanco cómplices) con mi viejo, con mi abuelo, con cuanto Aguirre estuviera presente en esa mesa. No lo busqué, pero me la juego que en YouTube no se consigue.
Luego fue director técnico, y luego papeloneó en la tele de las 14 horas, ya como “hermano de…” Eso yo ya no lo vi, por suerte. Prefiero quedarme con el recuerdo del otro Marcelo Süller, el que hace veinte años trepaba gambeteando por la banda derecha del Albo y era un aspirante a crack de la Primera B.
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martes, 11 de agosto de 2009
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