jueves, 24 de junio de 2021

Las enseñanzas del Maestro Hwang Gol

El Maestro Hwang Gol prepara su clase. Once niños con cabezas sin cabello le rodean, sentados en el suelo, al costado de la cancha. Prestan sus ojos, sus oídos, sus corazones.

El chico de la camiseta 2 extiende la espalda, para parecer más alto, más duro. El pequeño con el número 10 se acomoda, vuelve a acomodarse, no logra estarse quieto. No son meros aspirantes a futbolistas: son aprendices.

El Maestro Hwang Gol habla al fin, su voz es como el rugido de un gol ajeno en un estadio lejano.

Hace 22 otoños, Maestro Gol camina, reflexivo, por campos de entrenamiento de Club Deportivo Li. El encargado de mantenimiento del césped, un hombre sencillo y sacrificado, se acerca y manifiesta preocupación.

-Oh, Maestro Gol, la época de lluvias se demora, ¿cómo haremos para regar nuestras canchas de entrenamiento?

Maestro Gol le mira en paz, ladea la cabeza como cánido, respira largo antes de responder.

-Las canchas de entrenamiento no deben regarse nunca. Su único riego es el sudor de los jugadores que entrenan duro. Si no transpiran lo suficiente, el césped se seca, la tierra endurece como roca. Y esa es una derrota”.

Un gong se escucha. Los aprendices corren a jugar. No se sabe si los pastos crecen: los chicos han crecido.


#SueñosdeGloria

miércoles, 21 de octubre de 2020

Las aventuras de Pedro Da Luz

Hoy murió Pedro Da Luz. Lo conocí cuando yo era un adolescente, en mis primeras aventuras periodísticas: él ya era un aventurero.

Imposible no pasarla bien cerca de Pedro Da Luz. Integraba, desde un lugar extraño, acaso misterioso, el equipo periodístico En Blanco y Negro: con él armamos una suerte de unidad muletto con la que seguimos las peripecias de All Boys de visitante, en la pesadillas federales del Nacional B de los '90. Era un gran compañero para esas infinitas travesías en micro a Tucumán, a Córdoba, a San Juan, con hospedajes en hoteles alojamiento, derrotas sistemáticas y risas estrictamente cómplices. Tenía espíritu blusero pero era bien podría haber sido punk.

Hablaba de revolucionarios latinoamericanos de los '60 mientras lamentaba cómo había errado el 9 solo abajo del arco. Tenía un sinfín de anécdotas truncas, de amores cerrados, de negocios fallidos, de cosmovisiones futboleras inevitablemente agridulces. En los últimos veinte años, sólo lo crucé de vez en cuando, únicamente en la cancha de All Boys.

Usé su apellido como inspiración: en mis novelas del inspector Diamond Gerace, nombré Da Luz a un personaje, el cantinero totémico del bar Vamos Floresta.

Pedro Da Luz siempre estaba un poco en otra cosa. De cada dos palabras que soltaba, una la decía mirando el horizonte. Siempre con la vista levantada. Gracias por todo, Pedrito.

miércoles, 23 de octubre de 2019

LCDTM, DirecTV

Cada uno festeja el Día de la Madre como le sale, como puede, como lo siente. En el caso de DirecTV Sports, señal deportiva de DirecTV con producción de Torneos y llegada internacional, su forma de celebrar este año fue a través de un spot con dos actores y una actriz que interpretan a presuntos hinchas de fútbol. Los personajes hablan a cámara y piden disculpas a las madres por haber cantado en la cancha, alguna vez, “la concha de tu madre, All Boys” –una canción de cancha, popular en el Ascenso, y durante varios años, también en Primera.

La intención de guiño para el hincha futbolero es clara, se supone que hay que tener experiencia de cancha para conocer el cántico en cuestión. La elección es bastante extraña (por no decir sexista, retrógrada y de mal gusto): el recurso de pedir “disculpas” por lo que cantás, no te exculpa de haber decidido cantarlo por televisión y de armar toda una publicidad, con locaciones, material de archivo y actores, en torno a esa canción. Así de inspirados estarán los creativos publicitarios de DirecTV Sports, que cuando piensan en homenajear a sus madres, deciden cantar “la concha de tu madre”. Después de todo, cada empresa se vende como le parece, cada publicista propone lo que le sale, cada CM escribe lo que le dejan escribir.

Pero la canción elegida por DirecTV Sports no sólo es curiosa por lo sexista, también por lo dirigida. El cancionero popular futbolero argentino está llenísimo, atiborrado de opciones que recuerdan, en ese tono o en otros similares, siempre despectivos, a madres o hermanas: lamentablemente hay mucho para elegir entre los cantitos dirigidos a rivales, árbitros, policías o dirigentes, que eligen como herramienta de insulto la invocación femenina, ya sea a la concha en cuestión, o bien a otra fórmula tan o más clásica, la de “hijo/a/s de puta”. Pero DirecTV Sports no se contentó para su campaña pública con ninguna canción de cancha “genérica”, de las que usan insultan pero sin precisar a quién. No, eligieron apuntar y dar un nombre: “la concha de tu madre, All Boys”.

Vale desmenuzar un poquito. Además de su sexismo –vintage, sino cavernario–, el insulto de la concha refiere evidentemente al origen: su recurso agraviante consiste en invocar o maldecir la “puerta de entrada” que habilitó el ingreso del/a insultado/a en este mundo. Y hablando de orígenes, está bueno recordar quienes son los sujetos del comercial de DirecTV Sports por el Día de la Madre.

En la esquina blanca, el Club Atlético All Boys (del que soy socio, como mi papá, como lo fueron mi abuelo y mi bisabuelo), club fundado en 1913 por vecinos de Floresta, laburantes, anarquistas y mucho pibe, casi todos pibes, casi “all boys”. Un club sencillo, de rrioba, orgulloso pero con no más de 4 mil socios activos, que hace esfuerzos hercúleos cada mes para pagar AySa, la luz, el gas o los impuestos.

En la esquina negra, DirecTV Sports, canal deportivo con señales propias en distintos países de América del Sur y con llegada al Caribe, exclusivo de la corporación DirecTV, subsidiaria de AT&T con sede en El Segundo, California (a propósito, DirecTV está asociada con Torneos, TyC Sports y la plataforma TyC Sports Play en la transmisión de los campeonatos del Ascenso, los que juega All Boys, justo en tiempos de persecución y cacería a otros “débiles”, las transmisiones vía streaming de los medios partidarios independientes).

Un gigante mediático elige burlarse de un club de barrio, lo insulta abiertamente. No dice “aguante Yupanqui”, como aquella publicidad de Coca Cola que apelaba a la ternura del “club con menos hinchas de la Argentina”. Le dice “la concha de tu madre”, lo festeja y le pone onda jocosa. Es un claro ejemplo de burla descendente: burlarse del débil. ¿Se hubiese animado DirecTV Sports a hacer una publicidad que insultara a Boca o a River? Debe haber algún cantito igual de sexista o despectivo dirigido a xeneizes o millonarios… Pero bueno, para burlarse de los poderosos hace falta coraje. Para burlarse de los más débiles, alcanza con ser cobarde.

* socio de All Boys nº19297, coautor de Puto el que lee, diccionario de insultos, injurias e improperios.

Publicado originalmente en Página/12
https://www.pagina12.com.ar/226749-lcdtm-direc-tv

lunes, 21 de octubre de 2019

Porteños, hijos de puta


Desde hace algunos años, el referí tiene la facultad de interrumpir o hasta de suspender un partido cuando los hinchas, desde la tribuna, cantan o insultan mediante expresiones que impliquen alguna forma de discriminación, xenofobia o racismo.

Esta medida, evidentemente bienintencionada, deja implícita la apertura de una maravillosa y semántica zona gris: el árbitro de fútbol, más allá de los conocimientos que tenga sobre lingüística, sociología, regionalismos o idiolectos, deberá por un momento dejar de mirar la jugada –¿fue offside, fue foul?– para detenerse a discernir con sus propias orejitas cuándo un insulto es discriminatorio y cuándo no lo es.

Por suerte, el árbitro no está solo: podemos suponer que dispone a su favor de cierto consenso en cuanto a cómo diferenciar los “insultos racistas” de aquellos “insultos meramente agraviantes” que, en este caso, no ameritarían sanción. Una canción cuya letra ponga en duda el país de nacimiento, la pigmentación de la epidermis o el credo religioso de los representantes del equipo rival, parece ser razón suficiente para considerar que quien la canta, está discriminando.

Quedará para otra ocasión preguntar, con tono casi filosófico, si es que existe algún insulto que, de un modo u otro, no esté discriminando, ya sea por presuntos hábitos sexuales, por inusuales atributos físicos o por la profesión de la madre.

Y aquí es donde llegamos a una paradoja insultante que solemos vivir los hinchas de All Boys cada vez que enfrentamos a equipos de las provincias: Córdoba, Jujuy, Mendoza, Santiago del Estero… Tanto en la cancha, como en los foros virtuales, nos toca escuchar, con tono de agravio, “porteños hijos de puta”, “porteños culeados” o simplemente, “porteños”.

¿Es un insulto “en sí” la palabra “porteño”? Claro que no. Pero, como suele ocurrir en las expresiones discriminatorias, el elemento agraviante lo da el contexto.

Vale analizar el conjunto de prejuicios que pone en juego el insulto “porteño”, que evidentemente activa cuestiones vinculadas con la vieja pica entre federales y unitarios. Hinchas de Gimnasia de No Sé Dónde, de la Primera Nacional, darán por sentada aquella historia de que Dios atiende en Buenos Aires. Y como All Boys es de Buenos Aires, concluirán en que Dios atiende bien cerquita del estadio Islas Malvinas. 

Pues no. All Boys es un club porteño, sí, pero definitivamente no goza de privilegios. No podemos compararnos con el poder de lobby de clubes porteños como Boca, River o San Lorenzo.

Y, de hecho, los porteños como All Boys en muchos ámbitos salimos perdiendo en el mano a mano con los clubes de las provincias. Como cuando cuentan con respaldos o patrocinios regionales y/o políticos. O como cuando debemos acatar normativas policiales o de seguridad mucho más estrictas y costosas que las que rigen para los estadios de otras jurisdicciones.

Hermano federal, hermano de las provincias, los de All Boys somos porteños, sí. Pero porteños de clase trabajadora.

lunes, 17 de agosto de 2015

Juan Pablo vs Juan Pablo



Juan Pablo vs. Juan Pablo. 

Rodríguez vs. Carrizo. 

All Boys vs River. 

Los goles se disfrutan porque tienen el valor de la certeza. La pelota ya entró, el árbitro ya lo validó y lo pasado, pisado: nadie va a quitarte jamás esa alegría.

Pero las jugadas previas tienen el dramatismo de la incertidumbre. Pueden ser hermosas, excitantes, dramáticas... y nadie sabe cómo van a terminar. 

Las jugadas se parecen a la vida. 

jueves, 30 de julio de 2015

Señal que te he perdido

Es domingo y voy por un camino de ripio, en algún lugar del campo, sospecho que al sur de Santa Fe. Sé que el Albo está jugando –debe haber terminado, son más de las 18– pero la radio está muerta. Y la conexión a Internet agoniza. No tengo GPS y no me importa: lo que quiero saber es cómo salió All Boys. 

Actualizar. Conectar. Configuración. Apagar. Encender de nuevo a ver si se reanima. Nada.

Jugaba con Estudiantes de no sé dónde, con todo respeto, repaso mentalmente, como si ayudara en algo. De pronto, el camino de ripio se bifurca en dos caminos de ripio: uno va para allá, otro para ahí. 

El teléfono sigue ido, la intriga deportiva crece, me veo obligado a elegir un rumbo. Agarro para ahí.

Hago 20, 25 metros con destino a ahí y, magia, tengo conexión. Busco “#AllBoys” en Twitter y confirmo: perdimos 0-2. 

Nadie me sacará jamás la idea de que elegí el camino equivocado. 

jueves, 23 de abril de 2015

Los colores del héroe

Entre los héroes de Star Wars, Han Solo es el único gil que ni siquiera tiene la Fuerza. Lo conocimos entre chicos superpoderosos, superprincesas enfierradas y monstruos supermarketineros. Vimos gloria y caída de Anakin SkyVader, sufrimos el calvario familiar de Luke, la gran esperanza Jedi, y presenciamos cómo Obi-Wan fue pibe, geronte y fantasma. Sin embargo, el gran héroe es Han Solo: el cowboy inflexible con la china (“Te amo”, le dice Leia; “Lo sé”, responde él), el chanta paranoico que habla con su perro (su wookie), el contrabandista que le zarpa guita a un mafioso anfibio de 600 kilos. En esa galaxia muy, tan lejana, rica en elegidos, maestros y emperadores, Solo no tiene más poder que el carisma. Pero es el que lo tiene más grande.
Los hinchas de All Boys notamos que lleva siempre los colores blanco y negro. Los hinchas de Star Wars aceptamos que es un bad boy que –a veces– no tiene códigos: él dispara primero. Lo hizo en El Imperio contraataca cuando cruzó a Darth Vader, lo hizo en La Guerra de las Galaxias al darle un corchazo láser al mercenario Greedo, lo que motivó el escándalo “Han shot first”, tosco intento de George Lucas por retocar la escena digitalmente, para armar la causa y pretender que Han había disparado en defensa propia.
La nueva prueba de magnetismo fue su cameo al final del segundo trailer de The Force Awakens, esperado episodio VII de la saga. Su aparición fue un estallido online en vivo y en directo para todos los gadgets del mundo y retumbó en toda la galaxia. No veíamos a Solo hacía 32 años, y no sabemos aún qué estuvo haciendo desde El regreso del Jedi, pero se nota que la vivió: por algo esa mirada de Coco Basile espacial.
Y el obligado faltazo a la Star Wars Celebration de Anaheim –Harrison Ford se estroló con su avioneta, Han jamás con el Halcón Milenario– inflamó el mito. Todos los demás, que sí estuvieron presentes (los fans, los actores de Luke y Leia, R2-D2, el inminente robot-bola BB8, el director J. J. Abrams), lo extrañaron.
“Chewie, we’re home”, ya es la línea del año. Es que Star Wars ya había vuelto varias veces. Pero ahora el que vuelve es Han Solo.
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/no/12-7718-2015-04-23.html

jueves, 27 de noviembre de 2014

Del mismo lado del alambrado

La idea de que llega el último partido de Nico Cambiasso en el Albo emociona, entristece y nos hace mutar: en unos días todo hincha de All Boys debería convertirse en una máquina de aplaudir, saludar, agradecer. 

Tengo algunos héroes: San Martín, Lennon, mi papá, Bob Dylan y Nico Cambiasso. 

Nos veremos pronto, del mismo lado del alambrado. 

viernes, 22 de agosto de 2014

Blanco y negro

Que se pudra todo. Agudizar las contradicciones. Ir al extremo, propiciar un cambio de raíz, empujar para que las cosas se desbarranquen definitivamente. Y recién después, cuando ya no salga ni humo de las cenizas, cuando el pasado esté sepultado, cuando ya no quede ni el eco del pasado, empezar la construcción de un futuro mejor, con bases más sanas, desde cero, desde los charcos de sangre. Reset y a la bolsa.

Es una idea. Opinable. Si es en pos de un futuro mejor, uno puede desear ese cambio radical para su pueblo, para su país, inclusive para la sociedad humana toda. Pero jamás para su equipo de fútbol.

¿Significa eso que hay que apañar a un dirigente corrupto, siempre que su gestión redunde en éxitos, construcciones de tribunas, ascensos, títulos…? Mal ahí.  

¿O significa eso que, para que terminar con un dirigente corrupto, debo aplaudir e impulsar descensos, goleadas en contra, bancarrotas, violencia, suspensiones…? Malísimo ahí.

¿Cómo ser trotskista del equipo del que uno es hincha?

viernes, 11 de julio de 2014

Por la gloria

Confirmado: Brasil 2014 es el mejor Mundial de todos los tiempos. Puedo fundamentarlo. 

A lo largo del torneo, él gritó su primer gol (el penal de Messi en la definición con Holanda en semifinal).

Quedó tan contento después de esa definición que, tras el último penal, mientras todos empezaban a festejar, él pidió: “Otro”.

Y que, también durante el Mundial, él dijo por primera vez “partido”, “pelota”, "gol”, “bandera”, “Argentina”. Y, lo más importante, dijo por primera vez “All Boys”.

Yo sí que me siento campeón del mundo. 

viernes, 6 de junio de 2014

Manual para armar un plantel

El presupuesto nunca sobra. Siempre hay que elegir cómo usar el dinero.

Si tuvieras 11 pesos para armar un equipo profesional, ¿cómo los usarías?

¿Un peso para cada jugador?

¿O destinarías dos pesos para cada uno de los “puestos esenciales” –dos para el arquero, dos para un zaguero, dos para un volante central, dos para un desequilibrante, tres para un goleador– y cubrirías el resto del equipo con juveniles?

¿Y si con dos pesos no alcanza para traer un jugador para ninguno de esos “puestos esenciales”? ¿Qué hacemos?

¿Le damos de baja al desequilibrante, metemos en ese lugar un juvenil, y destinamos esos dos pesos que recuperamos al 9, al 2, o acaso al 1?


Mi propuesta: el equipo se arma desde atrás… hasta donde alcance el presupuesto. 

lunes, 5 de mayo de 2014

A veces pasa

Algún otro descenso hemos visto. Alguna final perdida, también. También, por suerte, alegrías descomunales. Hoy estoy sorprendido: a pesar de mi condición de hincha venenoso y pesimista, debo reconocer que, en este ciclo, las alegrías me han tocado más hondo que las tristezas.

Duele, sí, pero no tanto. Tal vez sea sabiduría. O genuino agradecimiento a unos cuántos héroes.

All Boys se fue a la B, pero sigue estando en el mismo lugar de siempre.

miércoles, 9 de abril de 2014

Once contra once… ¿conté bien?

La paridad casi siempre es un supuesto, una ficción.

Suponer que un partido de fútbol comienza con un equilibrio de fuerzas sólo porque cada equipo está conformado por la misma cantidad de jugadores, es como suponer que once sandías llenan tanto como once pasas de uva.

Imagino un partido: el Barcelona de Messi, Neymar/Ronaldinho, Iniesta, Xavi, contra el Victoriano Arenas de Fulano, Mengano, NN y el Pibe Gandorfio (o bien, contra el All Boys de Ricardo Rodríguez…). El árbitro expulsa a un jugador, de cualquiera de los dos equipos. ¿Quién se anima a decir “con la expulsión se rompió la paridad, todo se hizo más fácil”?

Desde el vamos, esta aventura de All Boys en Primera supone que somos los más débiles en muuuuuchos casos. Hay un largo entramado de variables (riqueza y extensión de los planteles, montos de los contratos, respaldos financieros, prebendas dirigenciales, empresariales, regulatorias, políticas y de todo tipo, lobbies varios) que hace que, ante gran parte de los equipos de la categoría, el Albo esté abajo, muy abajo; casi perdiendo 1-0 antes de empezar a jugar. Aceptado eso, cualquier ventaja mínima a favor del rival equivale a descalabro total.

No hace falta que sean cinco goles mal anulados ni seis offsides evidentes. Las pequeñas injusticias que te asesta el árbitro, cuando sos el más débil, se convierten en condenas.  


Recuerdo una frase valentona de un ex jugador de All Boys, Carlos El Loco Enrique: “En la cancha somos once contra once, y todos tenemos dos patitas y dos manitos”. Es cierto: muchas veces, la cantidad de pies y manos es casi lo único que tienen en común dos equipos que se enfrentan. 

viernes, 16 de agosto de 2013

De Floresta al mundo, del mundo a Floresta

La última incorporación de All Boys en este receso, la del –para mí, ignoto– mediocampista chileno Gonzalo Espinoza, me dejó pensando en qué otros jugadores transandinos recordaba con la camiseta del Albo. Como la tarea fue infructuosa, y el dogma autoimpuesto exigía no googlear, amplié la cavilación y me propuse tantear cuántos extranjeros, según mi memoria, habían vestido los colores del club-insignia de Floresta.

Mi memoria alcanza, claro, no mucho más que 30 años atrás. Pero me alcanzó para dar con un puñado de uruguayos y paraguayos, unos cuantos brasileños y colombianos, y algunas excentricidades llegadas desde México, los Estados Unidos, Italia y ¡Grecia!

Este fue el resultado, lo armo como equipo.

El helénico Maximiliano Kadijevic, de los mejores usuarios de buzo que vi en la era pre-Nico Cambiasso, fue el único arquero que encontré.

Postulo defensa con el mártir paraguayo Hernán Florentín, el áspero brasileño Fernando Barros, el uruguayo xeneize Richard Tavares –que  mucho esperamos y nunca volvió– y el oblongo guaraní que fuera campeón continental con Cienciano de Cuzco, Carlos Lugo.

En el mediocampo, vamos con el neoyorquino Renato Corsi, el campeón e ídolo llegado del Paraguay, Elvio Castellano Villalba; el montevideano monumental Juan Pablo Rodríguez y el hábil niño colombiano Santiago Montoya Muñoz.

Dos puntas, de lo poco que había para elegir en esa línea (y además jugaron juntos): por afuera, el veloz oriental Edison Tavares, y por adentro, la bestia negra para la gente de Mataderos, el brasileñísimo ariete Ronaldo.

Dejamos calentar en el banco de suplentes al fallido goleador paraguayo Eugenio Peralta Cabrera, al livianiiiito delantero uruguayo Martín Coyto, al olvidable volante oriental Johnny Aquino, al desesperante zaguero cafetero Julián Mosquera, al paracaidista defensivo mexicano Moisés Gonzáles (ay, los ’90, el uno a uno…) y al volante napolitano hijo de Ramón, Emiliano Díaz. Y dejamos descansar en paz al colombiano Albeiro Palomo Usuriaga, que tan poco hizo en Floresta.

Desde ya: los hinchas del Albo que se crean inmortales o con suficiente tiempo como para desperdiciarlo en estas cosas, bien pueden salvar, con sus aportes, mis más que probables olvidos. 

viernes, 2 de agosto de 2013

¿Poné a los pibes? Ponélos vos…

Al hincha siempre lo moviliza el pedido por los pibes, es decir, por la inclusión en el equipo de Primera de futbolistas juveniles, productos briosos y ricos en acné de las divisiones inferiores.

Es que los pibes son todo promesa: renovación de espíritu, sangre joven, energías ilimitadas, presuntas virtudes desconocidas, identificación con el club, desparpajo de amateur, ausencia de mañas propias de los ajados y curtidos jugadores superprofesionales. ¿Quién no sueña con que el 10 de la sexta división de su club no sea el próximo Maradona, el próximo Messi? Si le pasó a Argentinos Juniors o a Newell’s, ¿por qué no nos va a pasar a nosotros?

La promoción de jóvenes futbolistas del semillero (evítese el españolismo forzado, tilingo de “canterano”) supone, también, eventuales y nobles aspiraciones económicas: en cada chico que se afianza en Primera subyace la latente zanahoria en metálico de una futura venta millonaria al extranjero, de cuantiosos ingresos que podrían hacer crecer al club y proveerle un futuro de grandeza y opulencia.

Sin embargo, nadie busca lo peor para el equipo que está saliendo en minutos a la cancha. Ningún hincha pensará en entregar el muy real y chivo partido de hoy, en pos de apostar por el futuro, siempre escurridizo e intangible. Lo de “Poné a los pibes” no se lee como una fábula de desprecio por los viejos, sino que supone que los pibes que aún no jugaron son, o podrían ser, mejores que los veteranos, aburguesados, carros viejos que ya están jugando.

La experiencia cercana en el Albo no fundamenta esa idea, casi cercana al “Diario de la guerra del cerdo”. Nuestros años dorados, los transcurridos desde el 2008 hasta hoy, fueron protagonizados casi en forma excluyente por jugadores veteranos. Con honrosas excepciones de héroes jóvenes (Ferrari, Gigliotti, Pérez García), los grandes jugadores de esta era han sido mayores de 29: Cambiasso, Sánchez, Campodónico, Fayart, Zárate, Matos, Barrientos… Jugadores de cutis arrugado, largas biografías y escaso o nulo valor de reventa.

Acaso Pepe Romero no haya sido un gran cultor de la promoción de juveniles. O acaso en All Boys no hayan abundado los pibes lo suficientemente buenos como para ganar titularidad.


Se vislumbra una regla: a iguales habilidades, priorizar al juvenil. A iguales aptitudes, a igual estado físico, priorizar al juvenil. Pero si el treintañero promete mejor rendimiento que el chico, ¿no debería jugar el veterano? ¿Dar ventajas esta tarde en pos de apostar a un futuro próspero? ¿Preferimos perder hoy para ganar mañana?

martes, 18 de junio de 2013

Los grandes no lloran

 “…Trato de reírme de esto,
 escondiendo las lágrimas en mis ojos,
porque los chicos no lloran…”
(Robert Smith, Lol Tolhurst, Michael Dempsey)

No termino de comprar lo de los clubes ricos que tienen tristeza. No quisiera sonar insensible, ni exagerar revanchismos de clase, pero el dolor circunstancial de los poderosos, de los reyes de copas, de los millonarios, no puede compararse con las privaciones constantes, existenciales, casi preestablecidas de los humildes. 

Lloran los hinchas de clubes grandes porque, por una vez, se van a la B. Y es un llanto llorón, un lamento sin miedo real: saben que en unos meses, 12 o 24, estarán de nuevo en la élite. Saben que este tropezón no implicará que no sigan llegando jugadores de renombre, ni que sus partidos dejen de ser televisados, ni que los reflectores mediáticos vayan a ningunearles la luz. Así funciona el mundo.

Ante una situación similar, el dolor de los humildes es otra cosa. Los que defendemos divisas indefendibles, por caso, los hinchas de All Boys, sabemos el riesgo insondable que hay en el abismo. Abundan los casos de clubes pequeños que en los últimos años estuvieron en Primera, y de los que, desde sus descensos, nunca más se supo nada: Los Andes, Almagro, Chacarita, Huracán de Tres Arroyos… ¿Desafiliados? ¿Quebrados? ¿Succionados por agujero negro? ¿Acaso abducidos por el ovni del oprobio? 


No lloren, hinchas de Independiente. Tampoco los de River, San Lorenzo, Racing, Juventus, América de Cali o Atlético Madrid. No nos roben el orgullo de ser los muchachitos losers de esta película que es el fútbol.


lunes, 29 de abril de 2013

100 años, 100 historias


Algún día vendrá al caso contar, o no, porqué pasé el centenario del Albo lejos de Floresta y cerca de la morfina. Lo cierto es que mi forma de festejar los cien años del club fue participando del librazo 100 años, 100 historias, gracias a la gentil invitación del querido Adolfo Cabezón Morales, uno de sus realizadores.

Me tocó escribir sobre un partido histórico que vi en la cancha: aquel All Boys 3, Estudiantes de La Plata 1, por el Nacional B ‘94/’95, en Vélez. Aquí comparto el texto que forma parte de ese libro imperdible.

Devuelvan La Plata
Por Javier Aguirre

Ganarle a un equipo con historia de campeón del mundo, a pesar de que te sacó de tu cancha, a pesar de que tiene un plantel de estrellas de Selección, y a pesar de que saldría campeón, a 11 puntos del segundo. Ganarle. Y encima, pintarles la cara.

Algo de eso vivimos el 22 de abril del ’95, en el 3-1 sobre Estudiantes de La Plata en Vélez, con el mejor equipo que tuvo All Boys en los Nacional B del milenio pasado. El equipo que más se acercó a cierto amarronado jogo bonito, y que se convirtió en favorito del ala esteta de esa bolsa de gatos de gustos futboleros que conforma la hinchada del Albo.

Si se omiten los éxitos del plantel campeón en la Primera B 92/93, aquel fue el triunfo más importante de All Boys en la década del ’90. Ese equipo modelo Nacional B 94/95 vino con pase de mando en el banco de DT: el oscuro, ronco y ornamental Ramón Adorno dejó su lugar al oscuro, ronco y amargado Angel Hugo Bargas. La gracia era el ataque, que se corporizaba en tres jugadores; tres, el número sagrado de los ataques temibles. Justamente, los tres que harían los goles en la histórica victoria sobre los platenses. Eran un veterano en declive, un héroe de la B y un juvenil descarte de Boca. Un goleador, un gambeteador y un pasador. Un rústico, un desequilibrado y un gourmet. Un 9, un 7 y un 10. El Pirata, el Pato, el Gato. 

Adrián Czornomaz pasaba por centrodelantero de equipo austríaco. Era un antiestético treintañero que usó más de 20 camisetas y que en All Boys sólo jugó un año y metió ¡26 goles! Un Pirata disfrazado de momia.

Damián Yáñez venía de triunfar en Talleres de Escalada. Era un roedor de defensas que desbordaba, hacía goles y hasta se convirtió en musa de banderas con su cara cuando regresó al Albo, ya en tiempos oscuros, seis años después.

Gastón Barroso parecía tenerlo todo; rubio, alto, pintón, ojos claros, elegante, hábil, talentoso, fino, era el 10 de la reserva de Boca, debutaba en la Primera de Boca… y le dijeron “chau”. Firmó en un club de la B: All Boys.

Ellos tres resultaron ser la fórmula y lideraron un equipo tan goleador y vistoso que en Floresta sólo se lo recuerda con suspiros románticos y ojos humedecidos. Consiguieron una gran temporada junto a un plantel de rol, que incluía lo mejor de las inferiores del Albo en los ’90 (Julián Maidana, Hernán Manrique, los mellizos Fernando y Patricio D’Amico, algunos minutos de un teen Fernando Sánchez), además de una saeta rubia (Gustavo Bartelt) y de un ex internacional con gloria que apreciaba una despedida digna (Juan Barbas). La tarde mágica de ese equipo fue el triunfazo sobre el estelar Estudiantes de La Plata. Aquel guión dramático, la curva narrativa que todo partido tiene, puede contarse así:

EXTERIOR- ESTADIO VÉLEZ – DÍA – ESCENA 1
Primer tiempo. All Boys toca, toca, conato de baile, tiro libre, rebote y la especialidad de Czornomaz, gol de pescador, 1-0 arriba. Sorpresa.

EXTERIOR- ESTADIO VÉLEZ – DÍA – ESCENA 2
Segundo tiempo, Estudiantes aprieta, el Albo toca, sale de contra, toca, baile, corrida, toca, toca, Barroso, gol, 2-0. Descontrol, abrazos, alaridos.

EXTERIOR- ESTADIO VÉLEZ – TARDE – ESCENA 3
El arquero Osvaldo Langone, flojo, regala rebote indefendible y el goleador pincha José Luis Calderón juega un As de Injusticias, 2-1, ahora agarrate.

EXTERIOR- ESTADIO VÉLEZ – HORA MÁGICA – ESCENA 4
Resistencia heroica, una pena terminar sufriendo así, después de tanto toque y baile, pero… Contraataca, toca, toca, gol de Yáñez, 3-1, euforia en el Amalfitani, abrazos vaya a saber con quién, pisando butacas de puro ciegos.

No nos importa tanto que ese equipo logró meterse en el Reducido, ni que, por supuesto, no haya conseguido el Ascenso a Primera. Tampoco duele que el Pirata nunca volviera a Floresta, a pesar de permanecer años en la tribuna como involuntario protagonista del hit merquero “La que toma Maradona…”

Sí nos importa –por el resultado y por las formas– recordar ese día con orgullo sibarita. Fue el único partido que se televisó aquel sábado, y por TV mucha gente vio la descomunal, dramática paliza: David torturando y humillando a Goliat. Esa semana, todos los hinchas del Albo recibimos felicitaciones por lo bien que jugaba el equipo. Días ideales –como casi todos– para ser hincha de All Boys.

lunes, 22 de abril de 2013

El salto del Ángel


Cuando, hoy, ningún relator del Fútbol Para Todos se priva de llamarlo “Ángel del Gol”, me complace y sorprende saber que se están refiriendo a quien por una década en Floresta conocimos como Angelito.

La historia Ángel Vildozo es una de esas que tienen lo que tanto escasea: justicia poética. Se había ido después de haber sido, durante más de un lustro, la mejor figura salida de las inferiores de All Boys en los días de vacas esmirriadas, subalimentadas y famélicas de los principios del milenio. Había llegado desde San Juan como casi adolescente, como inusual apuesta amateur del club a un genuino producto de tierra adentro.

Vildozo llegó a la primera de All Boys, entonces, cuando estábamos en el horno, en las catacumbas del Ascenso. Se convirtió en joven referente, goleador e integrante, junto al Pato Pablo Solchaga, de la delantera ideal del Blanco en la década del ‘00.

Pero no tuvo suerte. Se fue del club justo cuando llegó Pepe Romero, justo cuando vendrían las buenas, justo cuando la historia iba a cambiar para bien.

Se hizo, otra vez, de abajo. De abajísimo: debió pelearla en clubes chicos del fútbol del Pacífico (Chile, Ecuador) y –mientras el Albo ascendía–usar camisetas ínfimas de la B Metropolitana (Comunicaciones, Colegiales). Hasta que un campañón a puro gol, precisamente en Cole, abrió una puerta impensada: ya a los 31 años, ya con sus mejores años en la espalda, ya no tan flaquito sino más musculoso, tendría su chance en la Primera de Afa.

El destino jugó bien y su oportunidad grande sería en All Boys. Un regreso con justicia, comparable acaso al que viviera otro exponente de las inferiores del Albo, el inmenso Cabezón Fernando Sánchez.

Feo, guapo, anguloso, duro y taimado: podía parecer insólito apostar por un tipo de 31 años que nunca había jugado en la Primera argentina, pero la de Angelito resultó ser la incorporación más pilla del año.

Llegó para comer banco primero, y para hacer el trabajo sucio tan pronto como ganó la titularidad. Pero ya hizo mucho más. Partidazos contra Boca o Independiente, personalidad, vehemencia, hambre, y sobre todo, goles. Vayan renovando ese contrato. Angelito está a pasitos de ser ídolo en Floresta. 

jueves, 21 de febrero de 2013

La mente en Blanco





El club que uno ama puede ser un ángel de la guarda. Un rincón mental en el que refugiarse cuando uno la pasa mal, una guarida para la cabeza cuando uno necesita alejar el miedo, el dolor, el espanto.

Entre las diversas satisfacciones que All Boys me ha dado, está esa: ha sido siempre un rincón amistoso y seguro de mi cráneo, una fortaleza psíquica apta para recibirme y ampararme. Casi un servicio de seguridad privada.

Recuerdo mi primer día de clase, en la escuela primaria, sobre la avenida Gaona. No tenía aún seis años de edad, estaba aterrorizado, escuchaba el Himno por primera vez, formaba y tomaba distancia mientras la directora se dirigía al alumnado con modismos hostiles, casi castrenses, propios del gobierno militar que entonces ocupaba la Casa Rosada. Y recuerdo en qué pensaba yo para sentirme seguro: en la formación del equipo del Albo que había visto en la cancha ese fin de semana. Paseaba mi mente por la camiseta que decía “Zeus” en el pecho, por el Monito Zárate, por Zárate González, por un tal Correa. Pensar en todo eso –también si tenía miedo a la noche, cuando me iba a dormir– era el más perfecto plan de evasión.

No puedo decir que hoy haya dejado de hacerlo. Resguardarme en el mantra “Cambiasso; Grana, Ferrari…” sigue siendo mi mejor anestesia para los momentos complicados. 

martes, 29 de enero de 2013

Apretando bien las muelas

Pronóstico de mal semestre para las piezas dentales en Floresta. Para quedarnos en Primera, vamos a tener que apretar los dientes. Fuerte, fuerte. Hasta que se agrieten los molares. Hasta que se desafilen los colmillos. Hasta que saquen chispas los incisivos. Hasta que las encías empiecen a soltar sangre (blanca y negra) y nos digan: “Che, loco, pará, no es para tanto, es solamente fútbol”. 
 
Pero los hinchas de All Boys sabemos que no es solamente fútbol. El centenario del club está aquí nomás, estamos en Primera y la felicidad vive hace rato en nuestros corazones. Y no queremos perderla. Es cierto que nadie te quita lo vivido, nadie te quita lo festejado. Pero sería una pena que tanta gloria se resquebraje en sólo seis meses. 
 
Las partidas de Mauro Matos y de Juan Pablo Rodríguez son, necesariamente, malas noticias. Un goleador-héroe y un símbolo del Albo en Primera no se consiguen fácil. Me pareció bien la apuesta por Manuel Caspary, aunque las apuestas -timbas al fin- deberían ser primero para juveniles (un tema pendiente para el Álbum Blanco), y recién después, para goleadores del Ascenso. Ignoro si vendrá alguien más, pero sí sé que si antes no nos sobraba nada, ahora, definitivamente, nos faltan unas cuántas cosas. 
 
En Floresta estamos acostumbrados a pelear en inferioridad de condiciones. Es lo que nos espera, una vez más. Aunque nunca, desde el regreso a Primera, estuvimos tan débiles. “Todo tiene un final triste, si se espera lo suficiente”, escribió alguna vez, con fina mala leche, Alejandro Dolina. Ojalá los hinchas de All Boys tengamos que esperar mucho más que seis meses para que vuelvan las malas.