jueves, 21 de febrero de 2013

La mente en Blanco





El club que uno ama puede ser un ángel de la guarda. Un rincón mental en el que refugiarse cuando uno la pasa mal, una guarida para la cabeza cuando uno necesita alejar el miedo, el dolor, el espanto.

Entre las diversas satisfacciones que All Boys me ha dado, está esa: ha sido siempre un rincón amistoso y seguro de mi cráneo, una fortaleza psíquica apta para recibirme y ampararme. Casi un servicio de seguridad privada.

Recuerdo mi primer día de clase, en la escuela primaria, sobre la avenida Gaona. No tenía aún seis años de edad, estaba aterrorizado, escuchaba el Himno por primera vez, formaba y tomaba distancia mientras la directora se dirigía al alumnado con modismos hostiles, casi castrenses, propios del gobierno militar que entonces ocupaba la Casa Rosada. Y recuerdo en qué pensaba yo para sentirme seguro: en la formación del equipo del Albo que había visto en la cancha ese fin de semana. Paseaba mi mente por la camiseta que decía “Zeus” en el pecho, por el Monito Zárate, por Zárate González, por un tal Correa. Pensar en todo eso –también si tenía miedo a la noche, cuando me iba a dormir– era el más perfecto plan de evasión.

No puedo decir que hoy haya dejado de hacerlo. Resguardarme en el mantra “Cambiasso; Grana, Ferrari…” sigue siendo mi mejor anestesia para los momentos complicados. 

martes, 29 de enero de 2013

Apretando bien las muelas

Pronóstico de mal semestre para las piezas dentales en Floresta. Para quedarnos en Primera, vamos a tener que apretar los dientes. Fuerte, fuerte. Hasta que se agrieten los molares. Hasta que se desafilen los colmillos. Hasta que saquen chispas los incisivos. Hasta que las encías empiecen a soltar sangre (blanca y negra) y nos digan: “Che, loco, pará, no es para tanto, es solamente fútbol”. 
 
Pero los hinchas de All Boys sabemos que no es solamente fútbol. El centenario del club está aquí nomás, estamos en Primera y la felicidad vive hace rato en nuestros corazones. Y no queremos perderla. Es cierto que nadie te quita lo vivido, nadie te quita lo festejado. Pero sería una pena que tanta gloria se resquebraje en sólo seis meses. 
 
Las partidas de Mauro Matos y de Juan Pablo Rodríguez son, necesariamente, malas noticias. Un goleador-héroe y un símbolo del Albo en Primera no se consiguen fácil. Me pareció bien la apuesta por Manuel Caspary, aunque las apuestas -timbas al fin- deberían ser primero para juveniles (un tema pendiente para el Álbum Blanco), y recién después, para goleadores del Ascenso. Ignoro si vendrá alguien más, pero sí sé que si antes no nos sobraba nada, ahora, definitivamente, nos faltan unas cuántas cosas. 
 
En Floresta estamos acostumbrados a pelear en inferioridad de condiciones. Es lo que nos espera, una vez más. Aunque nunca, desde el regreso a Primera, estuvimos tan débiles. “Todo tiene un final triste, si se espera lo suficiente”, escribió alguna vez, con fina mala leche, Alejandro Dolina. Ojalá los hinchas de All Boys tengamos que esperar mucho más que seis meses para que vuelvan las malas.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Crack de estetoscopio

El recuerdo está lleno de borrones, como casi todos los recuerdos. All Boys rasca un empate 0-0 con Temperley, allá en el GBA austral, una tarde de sábado infinita, de esas que templaron a los hinchas del Albo durante décadas en la B Metropolitana.

Yo era apenas adolescente, estaba en la tribuna con mi viejo y con mis hermanos (que si yo era apenas adolescente, evidentemente eran apenas dos niñitos). Habíamos ido en auto desde Floresta hasta Temperley. Y pasó algo horrible: mi papá se sintió mal. Le dolió el pecho. Se sentó, pidió ayuda. Escribo y me emociono, lagrimeo.

Caos, miedo. La tribuna del Albo se movilizó, y el pedido de ayuda –no sé cómo– llegó hasta Daniel Tomasone, entonces médico del plantel de All Boys. En medio del partido, mientras la pelota iba y venía, el doctor Tomasone hizo el camino contrario del barrabrava: se trepó al alambrado para pasarse de la cancha a la tribuna. Era un alambrado alto, era un camino peligroso. Lo veo: trepa, trepa, llega hasta arriba, empieza a bajar, baja, llega, lo revisa a mi viejo, ahí nomás, al lado del paraavalancha, y lo manda al hospital ya mismo. Tengo la piel de gallina como la habré tenido esa vez.

Fuimos a un hospital, no recuerdo a cuál. Amílcar Battaglia, un hincha de All Boys que conocía desde chico a mi papá y que justo estaba cerca, en la tribuna, se subió al auto de mi viejo y nos llevó de regreso a casa a mis hermanos y a mí. Salió todo bien. 

Nunca más fuimos a la cancha de Temperley. Nunca más me olvidaré del doctor Tomasone trepando el alambrado para asistir a mi viejo. 

jueves, 22 de noviembre de 2012

Los mismos de siempre


“Los jugadores son aves de paso, van y vienen, no sienten la camiseta…” nos aburrimos de escuchar. Los equipos que cambian demasiado de jugadores generan en los hinchas una “crisis de representatividad” que se apoya en planteles llenos de recién llegados, futbolistas poco involucrados con el club.

No ha sido así en el último lustro en el Albo. Acaso en desmedro de los juveniles, cada libro de pases incluyó “regresos” de ex jugadores de All Boys. Así, buena parte del equipo se compone de jugadores que se iniciaron en All Boys, que jugaron alguna vez en All Boys o que ya llevan años en la Primera de All Boys. Entre ellos, varios que obtuvieron ascensos y/o fueron campeones con All Boys.

Nadie calificaría de “paracaidistas recién llegados al club” a Cambiasso, Sánchez, Ferrari, Grana, Matos, Steffanato, Vildozo, Coronel, Perea, Soto, Rodríguez ni a los infantes Montoya Muñoz, Martínez, Careaga, Soñer…

Pareciera ser una política a la hora de las incorporaciones: si ya jugaste acá, tenés prioridad. Según esa idea, ¿qué futbolistas hay hoy en el mercado, jugando más o menos en nivel aceptable y que cumplan el requisito indispensable de haber pasado por el Albo alguna vez, ya fuera como profesional o como juvenil?

Hay tentadores, confiables, ex próceres, olvidados, resistidos, veteranos, tapados y hasta estrellas mundiales. Cada lector del Álbum Blanco optará en qué categoría incluir a Gigliotti, Pérez García, Martín Zapata, Edu Domínguez, Vella, Torassa, Campodónico, Madeo, Rudler, Barrientos, Martín Romagnoli, Grazzini, Ereros, Giordano, Umbides, Andrizzi, Diz, Fabbiani, Casteglione, Luna, Coudannes, Tévez, Boselli… ¿Algún otro ex All Boys disponible?

Nada como el ejercicio futbolerísimo de googlear sin conexión a Internet. 

miércoles, 24 de octubre de 2012

Presentación de "Inspector Diamond Gerace y el Edificio del Sol"

Compañeros de tribuna, el miércoles 7 de noviembre presentaré mi primera novela, el policial gástrico de fuerte contenido albo "Inspector Diamond Gerace y el Edificio del Sol".

La presentación será en Galerna San Telmo, Perú 1064, CABA, desde las 19.30. Entre quienes asistan se sorteará un kit de detective, indispensable para el detective actual,  con todo lo que el detective ágil, moderno, de hoy necesita. Están todos invitados.

martes, 9 de octubre de 2012

Inspector Diamond Gerace y el Edificio del Sol: te espero en el Vamos Floresta


Matos, Sánchez, Madeo, Vieytes, Fayart, Campodónico, Barrientos, Yannino, Novarese son algunos de los personajes de mi primera novela, el policial gástrico “Inspector Diamond Gerace y el Edificio del Sol”.

Los hinchas del Albo sabrán leer entre líneas. En lugar de elegir cualquier apellido para los personajes, por qué no homenajear a nuestros héroes.

El bar “Vamos Floresta” es uno de los escenarios en los que transcurre la acción.

“Inspector Diamond Gerace y el Edificio del Sol” es un policial protagonizado por un detective que nació en la Revista Barcelona. Fue editado por Galerna Libros, ya está en librerías y cuenta con ilustraciones de Daniela Acerbi y prólogo de Juan Sasturain.

Compañeros de tribuna, están invitados a leerla.

lunes, 20 de agosto de 2012

Los choreos circulares

Eso que pasa en las visitas de All Boys a la Bombonera es vislumbrado por Jorge Luis Borges en “La trama”, incluida en El Hacedor: “…Al destino le gustan las repeticiones, las variantes, las simetrías…” Y, para ilustrar, equipara el asesinato de Julio César al de un gaucho desconocido: “Lo matan y no sabe que muere para que se repita una escena.”

Tiene razón, otra vez, el gran chicato argentino. Los resultados esperables, los arbitrajes predecibles, son más frecuentes, mucho más frecuentes, que los resultados sorprendentes, los arbitrajes impensados. Todos en Floresta sabemos que nos van a cagar cuando el Albo visite a Boca, y precisamente, es lo que pasa.


Y volvió a ocurrir, así de obstinado es el destino con sus rutinas. Gol de Boca con offside y foul a nuestro arquero, gol mal anulado al albo, permisividad violenta con los violentos zagueros xeneizes (Rolando Schiavi, oh Jorge Luis, debería al menos caer como Al Capone; viendo tarjeta roja sino por sus crímenes deportivos, aunque sea, por un temita fiscal).


Choreo, y a llorar a Paso a Paso.


Esta vez, el esclavo del destino, el peón de esa reiterativa confabulación astral que supone que a los débiles no sólo hay que vencerlos, sino también estafarlos, fue el juez Mauro Vigliano. Un apellido, otra vez, circular: la próxima, el villano de turno se llamará Mauro Maléfico, Mauro Criminale o Mauro Iccodeputta.