sábado, 3 de abril de 2010

Los Rolling Stones en Floresta

No entiendo cómo pudo pasar; sí entiendo que más de un hincha no me lo perdonaría. Pasó que, a pesar de estar haber estado pendiente –diría, muy pendiente– de All Boys, pasé como cinco meses sin ir a la cancha.

Es inadmisible y no vienen al caso las excusas: que la prohibición al público visitante, que la lluvia, que las vacaciones, que el trabajo, que la familia, que el sexo desenfrenado, que lo dan por TV, que los trabajos solidarios en un leprosario de Calcuta, que tengo al techista haciendo estragos en mi casa… En definitiva, entre una cosa y otra, me doy cuenta de que –además– debo cinco meses de la cuota social.

Vuelvo por fin a Floresta y me dispongo a ponerme al día. Sé yo que pagar cinco meses juntos va a ser duro en lo económico, pero sabe Dios –que, estoy seguro, es futbolero– que lo haré con gusto. Llevo veinticuatro años de socio y, desde que me emancipé (es decir, desde que liberé a mi padre del albo honor del aporte societario mensual y empecé a abonar de mi bolsillo la cuota social) afronto el pago, casi, con gusto. De todos los pagos mensuales, es sin dudas el que hago con mayor convicción emocional.

Pero las cinco cuotas juntas ascienden a un número que me da vergüenza confesar. Pongamos que es una cifra equivalente a una entrada para ver a los Rolling Stones, a U2 o a Radiohead. Saco pecho, pago, y me llevo el montón de taloncitos que introduzco, solemne, en mi carnet.

Nada te saca la sensación de socio culo sucio.

martes, 23 de marzo de 2010

Piratas del Callao

Era enero de 1997, y estaba de iniciático y mochilero viaje por Perú y Bolivia, compartiendo sitios arqueológicos y juergas antológicas con amigos como el quemero Martín Correa, el racinguista Juan Pablo Rud y los nada futboleros Matías Pandolfi y Fiorella Kotsias. Pero el hincha de All Boys está siempre presente, y aún en plenas vacaciones, entre huellas españolas, incas y aymaras, me encontré siguiendo una pista alba.

El inmenso Pirata Adrián Czornomaz se había ido de All Boys hacía ya un año y medio, pero el recuerdo de sus 26 goles en Floresta permanecía muy presente en mi corazón blanco. Aún no existía Internet (no, al menos, para la gilada), pero sin embargo, de algún modo sabía que el Pirata estaba jugando en Universitario de Deportes, uno de los equipos grandes de Perú.

Para ese año, empezaba a imponerse el hábito marketinero de imprimir en las camisetas los nombres de los futbolistas, y se me ocurrió que conseguir la clásica casaca color crema de Universitario, con la leyenda “Czornomaz” en la espalda y el número 9, sería un modelo espectacular para lucir en las pasarelas del Islas Malvinas de Monte Castro.

Decidí hacer un rastrillaje por las casas de deportes de todo Lima. Nada. No había en toda la capital peruana una sola camiseta con el nombre del Pirata. Ni con el nombre de ningún otro jugador.

Hasta que en una galería oscura, en una especie de barrio de Once de Lima cuyo nombre nunca supe, di con una tienda en la que me ofrecieron imprimir a pedido el apellido en cuestión sobre la camiseta de Universitario. Era caro, perdería una mañana y no iba a ser un modelo original; pero igual acepté. Me cuidé de escribir yo mismo en un papel la palabra “CZORNOMAZ”, para evitar errores de tipeo, y a esperar 24 horas.

Al día siguiente, demoré a mis compañeros de viaje y volví al local a buscar mi trofeo. Malas noticias. El empleado me pidió disculpas, pero no había podido hacer la impresión: es que tenía en stock una sola letra “Z”, y “Czornomaz” es una de las pocas palabras del mundo que lleva dos zetas.

“Otra vez será”, pensé, sabiendo perfectamente que no iba a ser nunca.

lunes, 15 de marzo de 2010

Señor Juez

Los hinchas del Ascenso tienen la dicha de conocer a los peores referís en el under, es decir, mucho antes de que cometan sus desastres arbitrales ante las luces brillantes y las cámaras infinitas de la Primera División.

Alguna vez, un juez ignoto comete errores tan evidentes como sospechosos en un sórdido y sepia partido de la Primera C: cinco años más tarde, el tipo termina siendo, una celebridad nefasta como Daniel Giménez o un Gustavo Bassi, por poner dos casos temibles y difíciles de olvidar por la familia futbolera de la “A”.

Los lectores del Álbum Blanco sabrán disculpar las imprecisiones no disimuladas, pero el recuerdo es difuso:
Creo que fue entre el ’95 y el ’97.
Creo que fue ante Godoy Cruz, un televisado de domingo al mediodía.
Creo que el resultado final fue 3 a 2 –o quizá 4 a 3– en contra de All Boys.
Creo que el árbitro cobró dos o tres penales a favor de los visitantes.
Creo que el árbitro expulsó a dos o tres jugadores de All Boys.

Sí estoy seguro de que se jugó en Floresta, de que lo sufrí en la tribuna, y de que odié a ese árbitro y lo puteé (en silencio, no soy un hincha muy efusivo) como pocas veces he puteado a un juez.

Ante un arbitraje tan indignante, juré tomar nota de quién era ese referí, entonces anónimo, que nos había liquidado en nuestra propia cancha. Y tomé nota: se llamaba Fabián Madorrán. Años después se convertiría en un desastre del arbitraje mainstream, y terminaría suicidándose.

domingo, 7 de marzo de 2010

Una pasión indefendible

En un lugar de Internet de cuyo nombre no quiero acordarme, no hace mucho, y en uno de esos zigzagueos ebrios por ámbitos albos de la web, di con un inusual posteo de un hincha de All Boys.

Cito textualmente:

“HOLA.
YO SER ALL BOYS FAN.
YO SER DE SWEDEN.
YO ESTAR EN ARGENTINA EN MITAD DE AÑO Y MI ARGENTINA NOVIA IRME AL STADIO A VER ALL BOYS.
Y LUEGO SOY ALL BOYS FAN.
AL STADIO ES MARAVILLOSO Y LA GENTE Y EL EQUIPO.
YO AMO ALL BOYS.
VI JUGAR PATO SOLCHAGA, ZARATE, CAMBIASSO, STEFFANO, PANCERI.
Y VI JUGAR GIGLIOTTI ANTES VENDERSE.
VAMOS ALL BOYS POR EL CAMPEONATO.
SALUDOS DESDE SWEDEN
THOMAS BRAINA”

Los errores gramaticales y en los nombres de los jugadores forman parte de la riqueza del testimonio, claro. Y la novia, un ejemplo de imperialismo deportivo que merece el más caluroso aplauso de cualquier hincha argentino.

Pero el caso-Thomas Braina deja planteados algunos interrogantes: ¿Conmovedor o indignante? ¿Ídolo transoceánico o boludazo tierno? ¿Pasión indefendible o pasión inexplicable?

Más interrogantes: ¿Terminará Zlatan Ibrahimovic su carrera en Floresta? ¿Se viene el trapo “Estocolmo es del Albo”? ¿Cómo se dirá “Chicago hijo nuestro” en sueco? ¿Será “Cɦȋcȁǥɸ ɦȋʝɸ ɳuɛșţrɸ”?

lunes, 1 de marzo de 2010

¿All Boys en Primera o la Selección campeona en Sudáfrica? (reprise)

Hace casi seis meses, All Boys y Platense chocaban por la primera ronda de este torneo en la misma semana en la que la Selección Argentina recibía a Brasil en Rosario, por las Eliminatorias. Un post del Álbum Blanco se preguntaba realmente qué partido debía interesar más a un hincha Albo.

Hoy, la posición expectante de All Boys en la tabla, hace pensar que una Promoción para ascender no sea una utopía. En el caso de llegar a esa instancia, los partidos decisivos tendrían lugar a pocos días de diferencia del comienzo del Mundial Sudáfrica 2010.

La reflexión es similar: se trata de dos apuestas todavía mayores que las del último septiembre; All Boys peleando hipotéticamente un ascenso a Primera, la Selección (Maradona, Messi y siguen las firmas) peleando –igual de hipotéticamente– por el título del mundo.

¿Qué es mejor? ¿Ser el más feliz del barrio o el más feliz del mundo? El Álbum Blanco va por la opción 1.

miércoles, 17 de febrero de 2010

El incidente Frisone

Los caminos del hincha son misteriosos, retorcidos. La jornada futbolera más horrible que recuerdo como nativo de Floresta no fue un descenso, ni el 0-4 ante Chicago en Vélez, sino la de la final del Reducido por el ascenso al Nacional B de 1990, en la que All Boys cayera por penales ante Laferrère en la cancha de Huracán.

Había ido a la cancha con mi viejo, mis hermanos y mi abuelo (acaso también mi abuela, no estoy seguro), y no sólo aspiramos gas lacrimógeno por los incidentes con la Federal del menemismo, sino que terminamos desalojando la cancha, a toda tristeza. Todavía hoy creo escuchar ese éxodo por Parque Patricios durante el cual otros hinchas, con más espíritu, cantaban ese gospel futbolero y desgarrador: “All Boys, All Booooys; te vamos a seguiriiiir, adonde quieras iiir…; All Boys, All Booooys…”.

Pero me detengo en el último penal, ese momento espantoso en el que se acaba todo. Ya el arquero rival les había atajado disparos a Jorge Rojas y a Gustavo Minervino, y con la soga en el cuello llegaba el turno de que pateara un tal… Miguel Frisone.

Parecía un chico de las inferiores del club, aunque algunos le atribuyen un paso juvenil por Racing. Rubión, flaco, suplente nato, podía jugar de 5, también de 6. Ese día entró a pocos minutos del final, acaso ya pensando en los penales, acaso con alguna buena efectividad penalera en los entrenamientos.

Recuerdo que en la platea, a un par de metros de donde yo estaba, dos muchachas de edad indefinida (hay un momento de la vida en el que, curiosamente, para uno todavía resulta complejo distinguir una mina de 20 de una de 40) lo alentaban y le gritaban, con femeninísima euforia: “¡Fricho, Frichoooo!”

Fricho Frisone fue a patear el penal decisivo con decisión: reventó el travesaño. Chau ilusión. Nos quedamos en la B Metropolitana.

El tren de la gloria pasa pocas veces. Para All Boys volvió a pasar sólo tres veces en los siguientes 18 años. Para Frisone, nunca más. Parece que fue a parar a San Telmo (acompañado por un veterano con gloria pasada en el Albo, Néstor Palópoli, que alguna vez volverá al Álbum Blanco).

Google resulta muy discreto para saber qué fue de la vida de Frisone. Encontré por ahí a un “doctor Miguel Frisone”, pero su segundo nombre descarta que sea el mismo Fricho del penal fatal, el mismo Fricho que vivió desgracias afines a las de Esteban Cambiasso en el Mundial ’06, o del italiano Aldo Serena en el Mundial ’90.

En todo caso, Frisone y la alba frustración de aquel horrible 2 de junio de 1990 contribuyeron a forjar al hincha escéptico, pesimista y envenenado que soy hoy. ¡Gracias!

miércoles, 10 de febrero de 2010

Un Falcon verde y negro

El hincha de All Boys no necesita nuevas razones para experimentar antipatía hacia Nueva Chicago. Sin embargo, siempre aparece alguna.















El periodista, poeta e hincha granate Daniel Riera, compañero en la Revista Barcelona, me ha acercado un jugoso dato para una sección que aquí se inaugura y que él mismo bautizó El Álbum Blanco Investiga.

Se trata de esta foto de un equipo de Chicago de 1979, año en que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos recibía a familiares de desaparecidos y redactaba un informe sobre crímenes que había cometido (y seguiría cometiendo) la dictadura militar.

En respuesta a esa visita, la cúpula del gobierno militar desarrolló la amargamente recordada campaña de propaganda que decía “Los argentinos somos derechos y humanos”.

Esta foto (extraída del libro La historia del ascenso. Una historia jamás contada, Pablo A. Ramírez, editorial Corregidor, 1998) prueba cómo aquel plantel de Chicago apoyaba alguna de las consignas de la dictadura, en tiempos en los que en la Argentina estaban ocurriendo decenas de miles de crímenes de lesa humanidad.

Está claro que siempre hay una razón más para tener mala onda con los muchachos de Mataderos.