No conozco la cancha de Rosario Central. Tampoco la de Newell’s. Sí he ido más de una vez a la de Central Córdoba de Rosario, y a mucha honra.
Y de pronto, todo es Rosario, Allbogasoys, el Che Guevara: la Promoción para llegar a Primera nos encuentra en un mano a mano con Central (bueno, no tan mano a mano, la ventaja deportiva es como tener un brazo roto y un ojo morado antes de empezar la pelea).
Me encuentro pensando en que sería hermoso arrancarle una sonrisa al menos barbado del leprosísimo clan Bielsa.
Sigo esa idea y lamento que el canallísima Roberto Fontanarrosa ya no esté vivo, me habría encantado escucharlo hablar sobre All Boys, en el tono que fuera, aún si dijera “estos hijos de mil puta”…
Al margen del morbo rosarino, no hay sistema métrico decimal que mida la alegría que hay en Floresta. Estamos en el trampolín.
No éramos favoritos el sábado pasado, por los goles a favor de Instituto y por el incidente Rafaela; tampoco somos favoritos en la Promoción. Pero aún a riesgo de repetir comparaciones que ya había repetido, insisto, el miércoles, para algunos, se juega la final del Mundial.
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lunes, 17 de mayo de 2010
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