jueves, 16 de julio de 2009

El Paenza que todos llevamos dentro

Los 50 puntos que el entrenador del Albo, Pepe Romero, marcó como objetivo para el último Nacional B, no marcan ninguna cifra simbólica ni un mero apego discursivo por los números redondos.

Los 50 puntos representan, en un torneo de 38 fechas, un “casi triple empate” en la cantidad de partidos ganados, empatados y perdidos (como 38 no se puede dividir por tres, llamemos “casi triple empate” a una campaña en que la relación entre triunfos, empates y derrotas sea pareja: de 12-13-13, o de 13-13-12, o bien de 13-12-13).

Los 50 puntos significan, por lo general, quedar en los puestos noveno o décimo, en la tabla general de veinte equipos.

Los 50 puntos implican, para la tabla de promedios, superar con holgura la barrera del 1,300, lo que estadísticamente asegura la permanencia en la categoría sin ni siquiera llegar sufriendo a la última fecha.

Los 50 puntos suponen un “redondeo hacia arriba”, como para no correr riesgos, porque la realidad es que con 47 o 48 puntos, es probable que ya se logren los beneficios ya mencionados.

Aquel equipo que en alguna de las últimas dos temporadas de Nacional B haya sumado menos de los 50 puntos y quiera no descender, deberá “pagar la diferencia”, lo que significa realizar en el torneo 2009/10 una campaña muy superior a los 50 puntos.

O sea: si el año pasado sacaste 40 puntos, este año vas a necesitar sumar 60 para compensar, y que el promedio te dé 50 puntos.

En otras palabras, algunos equipos empiezan el torneo a pasitos de estar en el horno.

Platense necesitará 71 puntos para zafar del descenso sin depender de nadie; quizá hasta con cinco puntos menos también consiga salvarse.

Los de la CAI necesitarán 63 puntos para estar tranquilos sin mirar cómo les va a los otros. Olimpo, 60 puntos, y Defensa y Justicia, 58.

Estos cuatro, salvo que peleen el título, tendrán un puesto asegurado en la pelea por el descenso que viene.

Todos los demás (All Boys, San Martín de Tucumán, Rafaela, Belgrano, San Martín de San Juan, Unión, Quilmes, Independiente Rivadavia, Instituto, Tiro Federal, Ferro, y los recién llegados Merlo, Italiano, Gimnasia de Jujuy y Boca Unidos) se salvan sin hacer cuentas si suman los 50 puntos. Y muy probablemente también se salven, si suman 47 o 48.

Al mismo tiempo, de todo este pelotón, cualquiera que apenas pase los 40 puntos, va a tener un junio de 2010 muy sufrido.

Sí, ya sé: la idea –y el sueño– en Floresta será lograr bastante más que 50 puntos. Pero toda esta especulación numérica sirve para algo.

Si queremos mirar el cielo de Primera División, pisemos firme y no olvidemos que en las veredas del Nacional B siempre puede haber una alcantarilla abierta hacia las cloacas donde hoy flotan Atlanta, Chicago, Morón y otros tantos.

sábado, 11 de julio de 2009

Prejuicios

La etapa de la llegada de refuerzos resulta siempre inquietante, y es reveladora sobre la “cultura general” futbolera de hinchas, periodistas y dirigentes.

Cuando uno escucha nombres de jugadores que posiblemente lleguen al Albo, a menudo queda pagando: porque una cosa son los presuntos refuerzos que vienen del mainstream (o sea, ex estrellas de Primera División), y otra muy distinta cuando los candidatos a venir a Floresta son ascendentes promesas (en el mejor de los casos) del Argentino A, de la Primera B, o de cualquier liga aún peor.

En cuanto empezó el receso y corrieron rumores sobre las posibles llegadas de Facundo Sava o Rolando Zárate; bueno, no había enigma: cualquier hincha los ha visto jugar varias veces –durante los últimos quince años– en Vélez, Racing o Boca. Hasta es fácil apodarlos “el Roly” o “el Colorado”. Las dudas, en todo caso, serán sobre sus estados físicos, o sobre si los desafíos que ellos persiguen tienen que ver con el fútbol o con el mero latrocinio.

No pasa lo mismo cuando los candidatos a sumarse al Blanco son jugadores del Ascenso. A mí me conmueven los hinchas de All Boys que tienen bien clarito que el 8 de Instituto es bueno, que un buen volante zurdo y joven es el que juega en la CAI, o recuerdan perfectamente a un zaguero que jugó hace tres años en Platense.

Pero hay casos más extremos. ¿Cómo puede alguien saber cómo juega el 5 de un club de la C? ¡Si ni siquiera dan los partidos de su equipo por la tele! Salvo los de “Atlas, la otra pasión” (un saludo para Maxi Ambrosio, coproductor de “¡Mueva la Patria!, la ópera-cumbia argentina”, de la que soy uno de sus autores), el resto de los partidos de las napas del Ascenso resultan un misterio para cualquier mortal que no sea Román Iutch o Ricardo Caruso Lombardi.

Evidentemente no soy un erudito de la escena futbolera profunda. En el caso de los refuerzos que ya llegaron, obviamente conozco al veterano goleador Mariano Campodónico y recuerdo, en diferido desde mi última adolescencia, al zurdo Hernán Buján. Creo que pueden sumarle algo al plantel, aunque no creo que representen un salto de calidad como para soñar en la Copa Libertadores 2011, claro.

En cambio, no tengo ni un solo recuerdo sobre Lionel Coudannes, Matías Pérez García o Emmanuel Perea. Para mi cerebro, ellos tres nacieron esta semana. Ojalá que sean cracks y les vaya bárbaro (nadie olvida que así de discretamente llegó Gigliotti desde Lamadrid el año pasado, en el vagón de cola de la lista de refuerzos, y terminó siendo el Jugador Más Valioso).

Pero les doy la derecha a las decisiones armadoras de planteles de Pepe Romero y los “cazatalentos” de la administración Bugallo: a All Boys no le ha ido mal en los últimos dos años; el título de 2008 y los 50 puntos en el Nacional B son claros antecedentes.

Esperemos que a la sabia decisión de mantener el plantel (¡hasta sigue el Negro Vieytes! Enhorabuena…) se la esté acompañando con decisiones también sabias a la hora de reforzar.

martes, 30 de junio de 2009

Hacen falta más tribunas

“…Es muy poco de amor,
sólo una vez por semana…”

(de la canción “Paloma”, de Andrés Calamaro).

El fanatismo –como el amor, el odio, el capricho y cualquier otro sentimiento de alta intensidad– a veces va y viene, tiene picos y depresiones.

La pasión por el Albo es un sentimiento de alta intensidad. Más o menos igual de intenso que lo que un hincha de Boca sentirá por Boca, o que lo que un hincha de Gimnasia y Tiro de Salta sentirá por Gimnasia y Tiro de Salta.

Hay años en los que uno se encuentra algo más distante: va a la cancha, ve los partidos televisados, y no mucho más.

Hay otros años en los que uno se vuelve una especie de albo heroinómano e insomne merquero: necesita más y más All Boys, a toda hora, todos los días.

Ya no alcanza con ir a la cancha. La distancia de sábado a sábado parece casi como los cuatro años que hay entre un Mundial y otro.

El receso entre torneos es, en ese sentido, un momento durísimo. El síndrome de abstinencia causa espanto mental y dolor físico.

Uno empieza a rastrear cualquier veta que prometa el fluir de sangre blanca y negra: páginas de Internet, programas de radio, foros…

¿Cómo calmar esa ansiedad? ¡Traigan refuerzos! ¡Jueguen amistosos! ¡Hace falta más All Boys!

miércoles, 24 de junio de 2009

Temporada 2009/2010: antes del diario del lunes

Con el final del campeonato llegan los balances. Y a menudo esas miradas hacia atrás son descalificadas mediante el argumento que supone que “es fácil hablar con el diario del lunes”. Es decir, criticar cuando los hechos ya están consumados.

Varias veces, a lo largo de este año, más de un hincha de All Boys habrá dicho “yo sabía que Gigliotti la iba a romper”, o “yo sabía que Pavone era un burro sin rodillas que vino a robar” (por citar el caso de los dos centrodelanteros que se incorporaron en el plantel para el Nacional B). Pero claro, el momento para decirlo era en julio de 2008, antes de que los 16 goles de uno y la horrible imagen carente de toda rodilla que dejó el otro ayudaran al simpatizante a formar su opinión.

Por eso, el momento de hablar de la temporada 2009/2010 es ahora.

Fue un año decepcionante para quienes confiábamos en la inercia triunfal del campeonato de 2008, sobretodo viendo que el otro equipo que llegaba al Nacional B como campeón ascendente, Atlético Tucumán, terminó llevándose el torneo y hoy está en Primera.

Pero hubo buenas: se mostró personalidad y se ganaron partidos en el Interior y, lo principal, se mantuvo la categoría. Es decir, sería ridículo pedir “que se vayan todos”, pero también lo sería reclamar “que se vayan muchos”.

Primero, habría que repetir la decisión básica que se tomó hace un año: mantener el equipo y a su entrenador, Pepe Romero.

Los pilares del campeón de la B Metropolitana, a pesar de que tuvieron un año bastante desparejo, también fueron fundamentales este año para que el club se quede en el Nacional B. All Boys debería, entonces, mantener en su plantel al Grupo de los 8: Cambiasso, Fayart, Madeo, Panceri, Sánchez, Steffanato, Zárate y Solchaga. El esfuerzo que implique retenerlos, estará bien justificado. Después de todo, ningún refuerzo económicamente accesible garantizará rendimientos mejores que estos ocho campeones.

Otros jugadores, aunque no se destacaron demasiado, tienen el crédito abierto, como Vella, Vieytes, Lautaro Álvarez y Ferrari. Sumo aquí tres casos más discutibles: Scamporrino (su contribución al título del 2008 exige que se lo espere), Umbides (fue el segundo goleador del equipo, con 5 gritos) y Torassa (su 06/07 fue tan bueno que amerita jugarle otra ficha, a pesar de su bajísimo presente).

En esta lista, claro, falta Gigliotti, cuya explosión hace seguramente imposible su continuidad.

No parece imprescindible que sigan Patricio González, Simón Ramírez, Krikorián, Arriola o (con todo el cariño del caso) el Facha Bartelt.

Después llegará el momento de escribir sobre refuerzos. Pero, antes de que salga el diario del lunes, el Álbum Blanco vota por mantener la base.

martes, 16 de junio de 2009

Nacional B Federal – Primera B Unitaria = un año sin clásicos

La próxima temporada encontrará a All Boys sin ningún clásico por delante.

La instauración, como segunda división del fútbol argentino, de la modalidad de torneo conocida como Nacional B –que es federal– implicó también que la histórica Primera B –que vendría a haber sido unitaria– fuera licuada en tres categorías.

Una de ellas es la Primera División, donde hay equipos con muchos años de la B en el lomo como Arsenal, Chacarita, Tigre, Banfield o Colón, y algunos hasta con años de la C en el lomo, como Lanús.

Las otras dos categorías con miembros amputados a la vieja Primera B unitaria son el Nacional B (ahí estamos Quilmes, Platense, Unión y –obviamente – el Albo) y la B Metropolitana (Morón, Temperley, Sarmiento).

Este mecanismo ha raleado el fixture del Nacional B de rivalidades que provengan del siglo veinte.

Encima, la normativa que impone la ausencia de públicos visitantes termina haciendo monocromático cualquier folclore, por lo que resulta difícil sentir ese entusiasmo extra que implica enfrentar a ciertos rivales tradicionales.

¿Qué pica se le puede encontrar en Floresta profunda a un equipo mendocino? ¿Qué enconos pendientes puede sentir el hincha albo hacia un club de Comodoro Rivadavia que hace de las actividades infantiles su nombre y emblema? ¿Qué “partido aparte” puede respirarse en Jonte y Mercedes ante San Martín de San Juan, fuera de tener que ver su desagradable camiseta verdinegra? ¿Qué rivalidad multigeneracional puede experimentarse en All Boys al jugar frente a un equipo de… ¡Rafaela!? ¿Qué hincha del Ascenso sabía, hace diez años, dónde quedaba Rafaela?

Es como cuando en un Mundial juegan Paraguay-Bulgaria, o Nigeria-Canadá…

Lo más parecido a un clásico que tendrá el Albo el próximo año será Platense o Los Andes (si es que alguno no arruga en la Promoción ante algún equipo insignificante de la B Metropolitana). O, en todo caso, Quilmes. Y no jodamos: esos no son clásicos.

A Defensa y Justicia y a Italiano ni se los cuenta, por falta de público.

Habrá que ascender a Primera entonces, si se quiere jugar un clásico. O esperar que Argentinos o Chacarita caigan pronto en desgracia.

Lo que queda claro es que no se puede esperar nada ni de Nueva Chicago ni de Atlanta, habitantes perpetuos de las napas del Ascenso.

martes, 9 de junio de 2009

¿Un socio vitalicio o un lateral treintañero?

No hay mayores dudas sobre la importancia que tienen los jugadores, los directores técnicos y los dirigentes en la vida de un club. Por algo futbolistas y entrenadores protagonizan pósters y tatuajes, y por algo ex directivos dan sus nombres a estadios y tribunas.

Me preguntaba cuánto significa realmente uno, como hincha –o hasta como socio–, para el club amado.

¿Cuán trascendente para la vida de All Boys son mis cuotas sociales, pagadas de forma ininterrumpida desde 1986?

¿Cuán valiosos han sido para el club mis voces de aliento al equipo, mis chiflidos despectivos a referís, mis abucheos intimidatorios a rivales?

¿Qué tan significativas para el crecimiento de la institución han sido mis conversaciones –nanocampañas publicitarias hormiga– en las que hablo con terceros sobre All Boys, sobre las bondades de su estadio, sobre sus hinchas, sobre sus jugadores, sobre sus colores, sobre su mística?

Me pregunto si, para la historia de All Boys, cualquier futbolista profesional que haya jugado en el club significa más que yo. O que cualquier compañero de tribuna.

¿Patricio Tolosa, aquel tosco lateral marplatense que jugó del ’95 al ’98 fue más para el club que un socio vitalicio que disfrutó y sufrió al Albo durante 63 años? ¿O el volante cordobés Mauricio Beaulieu, que hasta marcó algún gol? ¿O Rechiutti, Ricatti, Martín Coyto, Francés, Bangert, Gianfelice, Lugo, Pavone…?

Sin omitir los afanes de frustrado protagonismo (¿qué hincha NN no hubiera querido jugar en la Primera del equipo al que sigue?), vuelvo a preguntarme si cualquier futbolista profesional que haya jugado en el club significa más que yo, o que cualquier compañero de tribuna, para la historia de All Boys. Y cada vez tengo más clara la respuesta.

jueves, 4 de junio de 2009

Perdón Minadevino

Hace algunos días, para un texto de próxima publicación en el Álbum Blanco, buscaba confeccionar una lista de ex jugadores de All Boys olvidables, grises, intrascendentes.

Entre ellos, en el primer borrador, había incluido a Martín Minadevino, aquel mediapunta livianiiiito que pasara por el Albo sin dejar huella en la campaña 2006/07, y que hoy juega en Defensores de Belgrano.

Esta semana, Defensores eliminó a Chicago del Reducido de Primera B: a pesar de tener la ventaja deportiva en contra, le ganó en Mataderos 1-0. Y el gol lo hizo Minadevino.

Ojo: Minadevino no pasa, por ese gol, a integrar la lista selecta de ídolos de Floresta.

La alegría por el cachetazo a la gente de Mataderos resulta muy sana, pero es menor si se la compara con la felicidad por los últimos triunfos de All Boys en el Nacional B.

Sin embargo, a Minadevino lo que es de Minadevino: se ganó el ingreso a la –también selecta– lista de ex jugadores de All Boys que han embocado a Chicago y lo han mandado de vacaciones hasta el año que viene.